Cassidy fuera, tortorella dentro: vegas aprieta el botón de pánico a ocho días de playoffs
Las luces de neón del T-Mobile Arena aún no han apagado el calor del último partido cuando la directiva de los Golden Knights ha pulsado el botón rojo. Bruce Cassidy, héroe de la conquista de la Stanley Cup 2023, se va por la puerta de servicio. Entra John Tortorella, 67 años, 1.620 partidos detrás del banquillo y un temperamento que puede fundar Las Vegas.
La cuesta olímpica que lo hundió
Desde que París apagó la llama, el equipo ha perdido doce de diecisiete. La defensa campeona parece emborrachada; el ataque, mudo. La tabla de posiciones no miente: fuera de playoffs por fuera de margen. La franquicia que llegó a la final en su temporada inaugural y que se gastó 82 millones en nómina este año no puede vender la promesa de otra primavera. El mensaje es brutal: Cassidy paga por la debacle, aunque los veteranos Stone, Eichel y Thompson hayan firmado contratos que les obligan a desfilar por el casino de Caesars hasta 2030.
El técnico despedido no se va con las manos vacías: 133 victorias y el anillo de 2023 en la vitrina. Pero la NHL respira por tubos de oxígeno inmediato. Ocho encuentros quedan. Ocho finales. La directiva prefiere arriesgar con un hombre que fue despedido hace apenas doce meses en Philadelphia antes que ver cómo se desmorona la credibilidad de la marca.

Tortorella: el misil que regresa al silo
Nadie en la liga duda de la capacidad del nuevo coach para sacar un grupo de la mediocridad. Su palmarés incluye la Stanley Cup 2004 con Tampa y cuatro Jack Adams como mejor entrenador. También incluye broncas con periodistas, rifas con jugadores y la fama de entrenador que puede destartalar un vestidor antes que enderezarlo. En Columbus hizo asentar a un equipo joven; en New York desgastó a veterana estrella tras veterana estrella. Ahora tiene ocho partidos para evitar que la franquicia más joven de la liga quede fuera de la fiesta por primera vez desde 2018.
El reloj interno de Tortorella corre más rápido que el del resto. En la concentración olímpica de los Team USA en Milán ya avisó a sus asistentes: «Aquí no hay mañana». Tras la medalla de bronce, se fue a su rancho de Maine a esperar la llamada. Llega a Las Vegas sin pretemporada, sin pretensiones y con la misión de meter a un grupo que gana por talento pero pierde por consistencia.
¿Y ahora qué?
La próxima semana el calendario dicta duelos directos: Kings, Oilers, Kraken. Cada punto vale oro y cada error puede costar empleos adicionales. La directiva ha cruzado el Rubicón: si Tortorella tampoco endereza el rumbo, el desastre será compartido. El mensaje en el vestuario es claro: nadie está a salvo. Ni el capitán, ni el portero franquicia, ni el general manager que firma los cheques.
La ciudad del pecado apuesta otra vez todo al rojo. Esta vez la bola de la ruleta se llama Torts. Y la banca, como siempre, gana o se arruina en ocho noches.
