Juanito trató de matar a matthäus: el día que el fútbol se avergonzó en múnich
El 8 de abril de 1987, el Olympiastadion de Múnich presenció la estampa más infame de la Copa de Campeones. Con el Bayern ganando 3-0 y el partido muerto, Juanito perdió la cabeza: primero una patada en el riñón de Lothar Matthäus y, cuando el alemán yacía, un pisotón aislado contra la sien. El balón ya no importaba; la historia se escribía con sangre en la línea de cal.

El árbitro, a un metro, no dudó: rojo directo y cinco años de ostracismo europeo
La UEFA no se anduvo con contemplaciones. La sanción superó cualquier precedente: cinco temporadas fuera de competiciones continentales. Juanito, que ya arrastraba antecedentes —escupitajo a Uli Stielike en 1986 y puñetazo al árbitro Adolf Prokop en 1978— pasó de ídolo merengue a paria de la élite en cuestión de segundos.
Matthäus, por su parte, se levantó sin magulladuras visibles. «Lothar juró que Juanito quería matarlo», confesó Andreas Brehme en el túnel. El cuerpo técnico del Bayern tuvo que contener al capitán para evitar una tangana que habría terminado en guerra campal.
El duelo finalizó 4-1 y el pase a la final parecía lo de menos. En los periódicos madrileños, la portada no fue la eliminación, sino la imagen de Juanito abandonando el césped con la cabeza gacha. En Barcelona, la prensa lo calificó de «vergüenza patria». En Múnich, la afición coreó «¡Asesino!» cada vez que la pantalla repetía la secuencia.
La UEFA cerró el caso, pero el fútbol nunca perdonó. Juanito regresó al Bernabéu tras la sanción, ya sin explosividad, y su leyenda quedó partida en dos: genio antes del 87, monstruo después. Matthäus, en cambio, ganó tres Balones de Oro y se convirtió en el jugador con más partidos en Mundiales. La cicatriz psicológica, sin embargo, siguió: hasta su retiro evitó hablar del episodio en público.
