Stuttgart domina, kane castiga: el bayern arrasa la final con un hat-trick demoledor
El sueño de retener la copa se desvaneció en 23 minutos. El VfB Stuttgart tocó el cielo durante 58′, presionó al Bayern como un rayo, y acabó goleado 0-3 por un Harry Kane que apareció tarde, pero con hambre de récord.
Kane desata la tormenta tras una hora de resistencia stuttgartiana
La primera parte fue un manifiesto de fe colectiva: 45 minutos en los que Alexander Nübel apenas vio el balón y cada contra de Chris Führich olía a gol. El plan de Sebastian Hoeneß funcionaba a la perfección: línea de cinco intensísima, doble pivote que cortaba circuitos y Undav y Demirovic ahogando la salida de Laimer. El Bayern parecía otro equipo, anodino, sin respuesta. Pero los finales se escriben con pegada, no con méritos.
El 0-1 llegó en el 58′: Olise encontró un milimetro en la derecha, Kane se desprendió de Chema y cabeceó donde Nübel no llegó. El estallido múnichés fue un tsunami anímico. A los 71′, penalti por mano de Stiller y el inglés firmó el doblete. En el 89′, tras un contraataque letal, completó el hat-trick que enterró la heroicidad de los de Baden-Württemberg.

Jaquez brilla hasta que el cuerpo aguanta
El único cambio del once respecto a Frankfurt, Luca Jaquez, hilvanó una actuación de manual: ganó siete de nueve duelos, anuló a Luis Díaz y hasta provocó la primera amarilla rival. Su lesión en el 64′ abrió una brecha que Finn Jeltsch —19 años— cubrió con coraje, pero sin la misma contundencia. El VfB perdió presión y el Bayern olfateó sangre.

Notas que duelen: brillaron, pero no alcanzó
Nübel evitó la goleada antes de que ésta existiera; Mittelstädt fue un vendaval por la izquierda que hizo llorar a Mazraoui; Chabot y Hendriks firmaron 21 despejes entre ambos. El problema fue la zona de creación: Stiller y Chema llegaron exhaustos y sin recursos cuando el partido exigió fútbol, no solo garra. Delante, Undav apenas tocó balones limpios y Demirovic pagó la factura física tras un campeonato exigente.

La frase que quedará en las gradas
"Jugamos 60 minutos perfectos, pero el fútbol dura 90", resumió Hoeneß entre lágrimas contenidas. En la grada, 25.000 stuttgartianos aplaudieron de pie. Saben que su equipo perdió una final, no la dignidad. El Bayern, por contra, suma su título 21 y deja claro que, cuando Kane huelde el cuero, el reloj se acelera y la historia se escribe en inglés.
En Berlín se llevó la copa el más letal; en Stuttgart se guarda la certeza de que este joven VfB ha llegado para quedarse. El próximo curso empieza en agosto. La sed de revancha ya huele a césped recién cortado.
