Muriqi planta su bandera: 18 goles, un mundial en la mira y la retirada como final perfecto
Vedat Muriqi no muerde la lengua. A sus 31 años, el delantero del Mallorca acumula 18 goles en LaLiga —nunca había llegado tan lejos— y, de golpe, ha convertido cada partido en una audición para Catar. No para el de este año, claro. El suyo se llama Kosovo, repesca de repesca, y el premio es un billete a la fase final del Mundial. «Quiero cerrar así: un Mundial con mi país y después descansar», ha dicho en una entrevista con FIFA. La frase suena a epílogo, y Muriqi lo sabe.
La cuenta atrás empieza en marzo. Kosovo se juega la vida en dos eliminatorias: primero Eslovaquia, rival directo de su compañero Martin Valjent, y después Turquía o Rumanía. Dos partidos para meter a una nación de dos millones de habitantes en su primer gran torneo. Muriqi lo tiene claro: «Si ganamos, me retiro tranquilo. Si no, también. Pero prefiero irme con el sueño cumplido».
El cuerpo pide factura, la cabeza sigue en guerra
El goleador confiesa que ya no se levanta fresco tras los partidos. «Antes quería entrenar al día siguiente. Ahora necesito dos días para recuperar. Me quedo vacío», reconoce. La edad pasa factura, pero también da réditos: «Estoy segundo en la tabla del Pichichi, por delante de Lamine Yamal y de cracks que desayunan Champions. Me siento orgulloso».
El orgullo es colectivo. En Pristina cada gol suyo es trending topic. La prensa local lleva semanas hablando del «número 9 que nos puede llevar al Mundial». Muriqi devuelve la pelota: «Mi país está conmigo. Y yo con ellos. Esta temporada va a ser la más especial de mi carrera».

18 Goles, 31 años y una posible despedida anticipada
El dato es brutal: en las dos campañas anteriores sumó siete tantos por temporada. Ahora lleva 18 y faltan 11 jornadas. El récord de la entidad bermellón en Primera es 20, firmado por Daniel Güiza en 2007. Muriqi tiene dos meses para batirlo y, de paso, sellar su billete a la historia. «Intentaré meter más goles. Cada balón que toco lo hago con la intención de que acabe dentro», avisa.
El club respira. El Mallorca, que llegó a rondar el descenso, ya piensa en la próxima temporada con Muriqi como referencia. Pero el jugador ya mira más allá. «Quiero jugar el Mundial y, dos años después, la Eurocopa. Pero hay que ser honesto: el cuerpo manda». La frase es un aviso a navegantes. Si Kosovo cae en la repesca, el ciclo del Pirata podría cerrarse este verano.
Mientras tanto, cada gol suyo en Son Moix suena como un tambor de guerra. La afición canta su apodo —«Pirata, Pirata»— y Muriqi responde con un gesto que ya es trademark: mano en el oído, mirada al cielo, beso al escudo. El guión está escrito. Falta el final. Y ese final pasa por Eslovaquia, Turquía o Rumanía. O por la despedida más dulce que puede imaginar un futbolista de provincias: un Mundial y la tranquilidad de haberlo dado todo.
