Málaga planta cara al destierro: 13 canteranos blindados y la promesa de un regreso que tardó demasiado
Seis años después del descenso que dolió como una patada en los riñones, el Málaga ha decidido dejar de mendigar clemencia y empezar a escribir su propio guión. LaLiga Hypermotion lo tiene en la palestra: once jornadas sin perder, el carné de favorito pegado al pecho y una plantilla donde 13 de sus 23 jugadores nacieron a menos de 30 km de La Rosaleda. El milagro ya no es volver a Primera; el milagro es que nadie se haya ido.
El cerebro que cortó las alas a las grandes
Loren Juarros mide cada palabra. Cuando llegó, el club olía a quiebra y a humo de papel quemado. Ahora reparte folios con fechas de caducidad hasta 2029. Carlos López, Diego Murillo, Ángel Recio, Aarón Ochoa —los pulmones del equipo— firmaron hasta dentro de cinco temporadas. El mensaje es brutal: aquí se construye, no se especula. La fuga de Roberto Fernández al Braga y la de Antoñito Cordero al Newcastle dolieron tanto que el director deportivo puso candado a la puerta de salida.
El método es tan sencillo como despiadado: detectar al crío que encaja, ofrecerle un contrato largo y meterle en el once antes de que los ojeadores de Europa le manden el primer WhatsApp. Funciona. El Málaga es el equipo que más minutos da a canteranos de toda LaLiga Hypermotion. Solo la Real Sociedad B, un filial, le hace sombra.

Juanfran funes, el técnico que sobrevivió al cadalso
Colista en octubre, destitución cantada, y ahí sigue: el entrenador que cogió un vestido lleno de dudas y lo convirtió en un quirófano de precisión. Su apuesta: juego de posición sin balón, presión a la desesperada y laterales que atacan como extremos. El resultado: 23 puntos de 27 posibles en la segunda vuelta. El dato que desmonta cualquier duda: el Málaga ha encajado un gol cada 216 minutos desde que Funes se sentó en la banda.
Los veteranos del vestuario cuentan que el míster llegó con una presentación en PowerPoint y una frase que se quedó grabada: “O nos comemos al rival o el rival nos come a nosotros”. No hay término medio. Cada entrenamiento termina con una tanda de penaltis bajo la luz de los focos, simulando el día que decida el ascenso. El psicólogo del club asegura que el 80 % de la plantilla ya ha visualizado el momento del pitido final en Primera.

La deuda, la justicia y el partido que puede cambiarlo todo
Quedan nueve finales. El calendario sonríe: cuatro de ellas en La Rosaleda, donde el Málaga ha ganado 11 de sus últimos 12 partidos. La afición ya prepara la coreografía del regreso: 25 000 pañuelos blancos con la fecha 2018 bordada en rojo. Pero hay un pero. La deuda con Hacienda sigue ahí, como una losa de 22 millones. El administrador judicial ha abierto un plan de pagos que se alarga hasta 2032. Si el club asciende, la televisión ingresará 40 millones de euros la primera temporada. La ecuación es tan fría como esperanzadora: ascender es pagar, y pagar es respirar.
El próximo domingo recibe al Alcorcón. En el banquillo rival estará Fran Fernández, el último entrenador que logró un ascenso con el Málaga, aunque fuera con el filial. El guion está servido: el hijo pródigo regresa y el padre adoptivo intenta arrebatarle el sueño. En la grada, los ultras ya han pintado la pancarta: “De Segunda no se baja, de Primera no se escapa”. La frase resume el sentimiento de una ciudad que ha aprendido a vivir con la esperanza entre los dientes.
Loren Juarros no ha renovado todavía. Dice que lo hará cuando el Málaga esté de vuelta donde cree que debe estar. Mientras tanto, sigue llegando a las 7 de la mañana a la Ciudad Deportiva y revisando contratos como quien revisa la munición antes de una guerra. La última vez que habló con la prensa dejó caer una frase que ya forma parte del folclore: “Vine para diez años, no para diez meses”. El reloj marca seis. Quedan cuatro para saber si la promesa se cumple o se rompe.
