Lindsey vonn plantea su regreso a los 41 tras amputación: «nadie me da permiso para ser feliz»
La leyenda olímpica Lindsey Vonn no entiende de retiros protocolarios. Con 41 años, dos ligamentos cruzados rotos y la sombra de una amputación que estuvo sobre la mesa tras su última caída en Cortina, la estadounidense ha encendido este fin de semana la posibilidad de un segundo regreso que ni sus propios patrocinadores se atreven a pronosticar.
«Solo el tiempo lo dirá. Por favor, dejad de decirme qué debo o no debo hacer», sentenció Vonn en su cuenta de X, después de que su padre, Alan Kildow, lanzara en febrero la palabra «retiro» en una entrevista para NBCSports. La frase, dicha en tono paternal, sonó a epitafio. Pero Vonn, que ya se despidió una vez en 2019 y regresó en 2025, ha vuelto a abrir la puerta con la misma contundencia que bajaba la pista de Stelvio a 120 km/h.
El accidente que casi le cuesta una pierna
El 22 de enero, durante la primera bajada de los Juegos de Invierno de Milán-Cortina, Vonn se salió en la entrada del muro de San Pietro. El impacto fue tan violento que los médicos del circuito temieron por una fractura expuesta. Finalmente fue una tibia y peroné múltiple con desgarro arterial. En el quirófano le plantearon la amputación como escenario extremo. Tres operaciones después, la músculo-atleta de Minnesota se arrastra con un fijador externo y una sonrisa que espanta a los escépticos.
Felix Neureuther, ex esquiador y hoy analista de ARD, lo calificó de «locura» cuando le preguntaron por un hipotético regreso. El comentario llegó a oídos de Vonn, que respondió con una sola palabra: «Watch». Nadie sabe si alude a Netflix o al cronómetro que guarda en su mesilla.

El ranking que aún late
Antes del accidente lideraba la clasificación de la Copa del Mundo de descenso. A sus 41 años batía a corredoras nacidas cuando ella ya había ganado su primer globo de cristal. El dato duele: ninguna mujer ha ganado un descenso de la Copa tras los 36. Vonn lo intentó con 41 y lo tenía a tiro. Eso explica por qué, pese a las prótesis y a los 14 tornillos, sigue midiendo el tiempo entre respiración y respiración como si fuera centésima y meta.
El entorno de la US Ski Team prefiere no hablar. Han cerrado filas: «Su salud primero». Pero en privado reconocen que el departamento de márquetin ya prepara una campaña de Red Bull titulada Never Done. El eslogan lleva la firma de Vonn.
El calendario dicta que la próxima Copa arranca en octubre en Sölden. Su médico personal, el doctor Ralph Gambardella, del Cedars-Sinai, dice que la cicatriz ósea necesita mínimo nueve meses. Eso la deja fuera de la primera mitad de la temporada. Pero la segunda mitad incluye Cortina, el escenario de su caída. Y en los pasillos del FIS ya se comenta que la organización reservará el dorsal 1 para una posible despedida protocolaria. Nadie se atreve a confirmarlo, porque Vonn odia los guiones preescritos.
Mientras tanto, entrena el torso en una bici estática frente al lago Minnetonka. Publica vídeos en los que aparece remando con una sola pierna y firma: «Still breathing». Los likes superan los 300 000 en minutos. El mensaje es claro: no pide permiso, solo avisa. Y cuando avisa, el mundo del esquí agacha la cabeza, porque la historia del deporte está llena de leyendas que volvieron para demostrar que la carne puede doblarse, pero la leyenda no.
