Cádiz explota: fiesta tras paliza del málaga y el vestuario pide cabezas

La noche gaditana olía a rebenca y a vergüenza. Mientras 20.000 amarillos aún digerían la goleada en La Rosaleda, tres jugadores del Cádiz se sacudieron la derrota a base de cubatas y reguetón. Un vídeo de 23 segundos, colgado por la cuenta @CadizCF_leaks, ha dinamitado la poca paz que quedaba en la ciudad: Raúl Pereira, Alfred Caicedo y Javier Ontiveros aparecen rodeando una botella con más ritmo que en ninguna contra del fin de semana.

La afición despierta con la moral en el suelo y el móvil en la mano

Las redes ardieron antes que el sol calentara el barrio del Pópulo. «Falta de respeto total», «indignación», «vergüenza ajena» fueron los trending topics locales antes del desayuno. La peña «Submarino Amarillo» convocó una concentración espontánea frente a la puerta 7 del estadio: llevaron bufandas, no para animar, sino para tapar la cara de quienes creen que el escudo se pega con saliva y orgullo.

El club no ha emitido comunicado oficial, pero dentro del Carranza ya repican las sanciones. David Gil, portero y capitán, no se anduvo con eufemismos en Radio Cádiz: «Hemos hablado claro, sin guion. Lo que hicieron no es un error, es una estocada al grupo. Habrá castigo y no será simbólico». El guardameta añadió que los tres futbolistas pidieron perdón al vestuario, pero el daño emocional es difícil de enjugar con un «sorry» entre duchas.

Juan cala carga contra la irresponsabilidad: «después de palmar no sales, punto»

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Desde la dirección deportiva, Juan Cala elevó el tono en COPE: «Aquí no estamos en una liga de amigos. Si pierdes 3-0 y sales de farra, estás diciendo que te da igual el sufrimiento de la gente que paga su abono con esfuerzo». El ex central avisó de que las medidas «no serán un capón, pero sí un espejo» para que el resto del plantel entienda que el profesionalismo no entiende de horarios.

El entrenador, Mauricio Pellegrino, se ha limitado a cerrar filas: «Entrenamos para competir, no para criticar por WhatsApp». Fuentes internas aseguran que el argentino ha dejado en manos del consejo la magnitud de la sanción: desde multa económica equivalente a quince días de salario hasta separación temporal del grupo, pasando por trabajo social con peñas y escuelas.

El calendario no da tregua: el domingo visita al Burgos y la grada ya anuncia silbidos cada vez que el megáfono nombre a los implicados. El vestuario, dividido entre los que piden clemencia y los que reclan ejemplaridad, necesita un resultado que devuelva la ilusión antes de que la temporada se desangre del todo. Porque en Segunda División, la diferencia entre salvarse y hundirse son cuatro puntos y una noche de copas.