Braunschweig domina, pero hannover sigue siendo su condena: 0-1 y la maldición sigue viva

La pelota entró por la escuadra, pero el golpe fue directo al hígado. 17 minutos de descuento, 17 años de historia negándose a cambiar. Eintracht Braunschweig se tiró al ataque como si el riesgo no existiera, y aún así se marchó de Hannover con la misma sensación de siempre: mereció más, se llevó menos. Maik Nawrocki cabeceó solo, Ron-Thorben Hoffmann se quedó de piedra y la cuenta pendiente se estiró hasta 1993. Otra vez.

El orgullo que no alcanza para llenar el casillero

Hoffmann habló en la zona mixta con la voz rota por la impotencia, no por el frío. «Dominante», «merecido», «mínimo un punto»; cada palabra sonaba a intento de convencerse de que esta vez la historia sería distinta. Pero el marcador no admie conjeturas: 1-0, y el VAR ni se inmutó. El capitán lo resumió en una frase que duele más que cualquier falta: «Nosotros castigamos, no nos castigan, y aún así perdemos.»

El entrenador Lars Kornetka, todavía con la gorilla del partido puesta, no quiso cargar contra nadie. Apretó los labios, eligió las palabras como quien coloca un balón ante un libre indirecto: «Hemos dado un paso adelante respecto a Düsseldorf, pero los pasos no suman puntos.» Tiene razón. El balón entró en la 87′, cuando muchos ya miraban el reloj pensando en el viaje de vuelta por la A2. La línea de meta se convirtió en línea divisoria entre el elogio y la condena.

La parón internacional que no llega para descansar

La parón internacional que no llega para descansar

Mientras el resto de la 2. Bundesliga aprovechará la FIFA-Date para respirar, Kornetka tendrá que cruzar Europa. Miércoles, amistoso contra Bielefeld; viernes, asistente de Ralf Rangnick con Austria; domingo, de vuelta para preparar el siguiente asalto. «Es lo que hay», dijo con media sonrisa, la misma que usan los ciclistas cuando la cuesta no da tregua. El cuerpo técnico repartirá planillas por WhatsApp, los analistas subirán vídeos a la nube y los jugadores intentarán borrar de la retina la imagen de Nawrocki celebrando solo en el segundo palo.

En el vestidor azul el silencio duró lo que tarda un penalti en ser lanzado. Después empezaron los abrazos, las palabras de consuelo, el «venga, Jena nos espera». Pero por debajo queda la espina: 55 kilómetros separan los dos estadios, 31 años separan a Braunschweig de una victoria en Hannover. La distancia más corta del mundo sigue siendo la más larga.