Luis garcía plaza pone el cronómetro: nueve finales y la cantera bajo el brazo para salvar al sevilla

La semana empieza con olor a césped recién cortado y a puestos en juego. A las 10:00 de la mañana, Luis García Plaza estrenará su reloj en la ciudad deportiva del Sevilla mientras ocho internacionalistas aún duermen lejos de Nervión. El resto, los que se quedaron, regresan con la certeza de que el próximo sábado en Oviedo empieza una trilogía de nueve partidos que decidirá si el club se hunde o nada.

El mensaje del nuevo míster: «nadie está por encima, todos empiezan de cero»

En su presentación, García Plaza dejó claro que el carné de veterano no vale. «Ahora mismo no podemos excluir a nadie», dijo sin rubor, y citó a Oso, el canterano alicantino que saltó de la grada a Mestalla y se convirtió en el revulsivo del tramo final. El mensaje es una patada en el tabique de los que se creyeron intocables: o aportas o te sientas.

La cantera ya no es un adorno. Es un recurso de supervivencia. José Ángel Carmona y Juanlu Sánchez, ambos hijos de la casa, acumulan más minutos que la mayoría de las estrellas importadas. Miguel Sierra, Castrín, Manu Bueno o Ramón Martínez han probado sabor de Primera sin azúcar. El argentino Almeyda abrió la puerta; García Plaza la mantiene entreabierta, pero con requisitos: «Tienen que hacerme sentir que puedo morir por ellos».

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El calendario es un guante de boxeo: nueve asaltos en cuatro semanas. El Sevilla, penúltimo, visita al Oviedo con la misión de romper una racha de seis jornadas sin ganar fuera. García Plaza no llega con varita, pero sí con un manual de urgencias: presión alta, balones al espacio y laterales que suban como almas en pena. La izquierda, hasta ahora desguarnecida, respira gracias a Oso, que corre más que las dudas.

En el vestuario aún resuenan las palabras de despedida de Almeyda: «Saqué a los jóvenes porque los necesitaba, no porque fuese romántico». García Plaza hereda la misma necesidad, pero envuelta en pragmatismo. No hay caprichos, solo números. Y los números dictan que perder en Oviedo dejaría al Sevilla a tres puntos del abismo a falta de ocho finales.

La cantera ya no sueña con besar el escudo; ahora se juega el privilegio de no despertar el lunes en Segunda. El técnico madrileño lo tiene claro: «La experiencia pesa, pero el alma pesa más». Y el alma, en Sevilla, lleva años facturada. Esta semana empieza la cuenta atrás. Oso y sus compañeros han dejado de ser promesas para convertirse en seguros de vida. El reloj de García Plaza marca 10:00. La historia, otra vez, empieza desde cero.