Llorente planta bandera en el metropolitano: capitán 2030 en filas rojiblancas

Marcos Llorente escuchó su nombre coreado por 68.000 gargantas y se dio cuenta de que la travesía desde Valdebebas ya tiene destino: el brazalete de capitán colgado del brazo derecho del Atlético de Madrid. La frase que repitió el estadio —«Marcos, Marcos»— no era un simple cántico, era la sentencia de un club que ha convertido al ex mediocentro de Guardiola en su futuro inmediato.

De suplente de rodri a dueño del lateral

Llegó en 2019 para sustituir a Rodri y cargó con el lastre de su pasado blanco. Siete años después, ha borrado la etiqueta de «madridista» con 247 partidos, 29 goles y una noche mágica en Anfield que selló la remontada contra el Liverpool en 2020. Desde entonces, Simeone lo ha desplegado por todas las líneas: pivote, carrilero derecho, extremo abierto. La última temporada lo fija en el lateral, compitiendo con Molina, campeón del mundo, y ganándole la partida con cuatro goles y cinco asistencias en Champions.

El contrato expira en 2027, pero ya hay borradores sobre la mesa. El jugador lo confirma sin prisa: «Me imagino retirándome aquí». La dirección deportiva planea una extensión hasta 2030, fecha que coincidiría con su despedida a los 34 años. El acuerdo se fraguará tras el Mundial, cuando España cierre la lista y Llorente certifique su presencia en el torneo que le falta.

El relevo generacional pasa por el 14

El relevo generacional pasa por el 14

La salida de Griezmann deja hueco en el grupo de capitanes. Por antigüedad, el siguiente es Llorente. El vestuario lo da por hecho: lleva dos temporadas ejerciendo de portavoz interno y es el puente entre la vieja guardia y la nueva sangre: Giuliano, Barrios, Pubill. El club lo ha incluido en el dossier de patrocinadores como imagen global: su valor de mercado ronda los 50 millones y su cláusula sigue fijada en 100.

Los números hablan alto: 3.176 minutos esta temporada, 86% de precisión en pases, 63 regates completados y un gol cada 214 minutos. Pero la cifra que cierra el círculo es otra: desde su estreno en Champions con el Atlético, solo perdió dos eliminatorias. En ambas, no jugó.

El Metropolitano ya no corea «Marcos» por sorpresa. Lo hace porque sabe que cuando termine el partido, el 14 seguirá corriendo hacia el fondo norte para saludar. Y porque, muy probablemente, seguirá haciéndolo hasta que el estadio apague las luces y su nombre quede grabado en el arco de la entrada de jugadores, junto a los capitanes que marcaron una época.