Kyrgios planta cara al calendario: vuelve en junio, solo césped
Nick Kyrgios ha marcado la fecha en rojo: la temporada de césped, a partir de junio, será su escaparate tras casi tres años de desiertos médicos. El australiano lo anunció sin filtro en una rueda de preguntas de Instagram y el mensaje circula ya como un latigazo entre los organizadores de Wimbledon, Halle y Queen's.
La última vez que pisó una cancha oficial fue en Melbourne, en enero, donde cayó en primera ronda de dobles y se despidió entre aplausos irónicos: su juego brillaba, pero las rodillas seguían enrojecidas. Desde entonces solo exhibiciones: Las Vegas, MGM Slam, una derrota con Alexander Bublik que le supo a poco más que un ensayo de verano.
El césped como único destino
«Jugaré la temporada de césped y eventos de UTS», escribió Kyrgios cuando un seguidor le preguntó por su regreso. Con esa frase cortó especulaciones y dejó fuera de combate el polvo de París: Roland Garros no aparece en su radar. Su calendario empieza la semana tras la final parisina, cuando Stuttgart y 's-Hertogenbosch abren el circuito verde que culmina en Wimbledon del 29 de junio al 12 de julio.
El escenario le sonríe: en 2022 llegó a la final del All England Club y perdió contra Novak Djokovic, pero la semifinal contra Rafael Nadal aún duele en la memoria de quienes la vieron: tres tie-breaks, 123 winners y un tobillo que se hinchó al día siguiente.
Desde aquel orgullo han pasado 1.036 días y solo seis torneos oficiales. Operación de rodilla, desgarros en la muñeca, infecciones crónicas en el tendón de la cadera: un rosario de diagnósticos que le costó 2,3 millones de dólares en premios no disputados y lo arrojó al puesto 426 del ranking.

Uts, el laboratorio de su nuevo juego
Además del césped tradicional, Kyrgios se medirá en el Ultimate Tennis Showdown, el show de Patrick Mouratoglou con partidos de cuatro cuartos y reglas de videojuego. Allí probó en 2024 en Nueva York y el público vendió las localidades en 38 minutos. La edición 2025 aún no tiene sede cerrada, pero la liga ya anunció que quiere «una noche australiana» y negocia con Sydney y Melbourne.
El formato le conviene: menos desplazamientos, partidos cortos y una atmósfera donde su saque de 230 km/h y sus conversaciones con la grada forman parte del entretenimiento. Además, el contrato incluye cláusulas de imagen que le permiten seguir monetizando su podcast y sus apuestas patrocinadas, fuentes que le reportaron 5,8 millones el año pasado pese a no competir.
¿Objetivo realista? Entrar en el cuadro principal de Wimbledon sin necesidad de wild card. Para eso necesita sumar 80 puntos antes del corte y Stuttgart ofrece 250 al campeón. Halle y Queen's reparten 500. Con dos victorias en cada torneo podría colarse entre los 104 mejores y garantizarse un cuadro sin protección.
El plan es ambicioso y el cuerpo, una incógnita. Pero en la sala de preparación de Canberra ya trabaja doble sesión: fisio por la mañante, sparring por la tarde. Su entorno asegura que ha bajado al 8 % de grasa y que el servicio vuela otra vez por encima de 220 km/h. Si la rodilla responde, el espectáculo volverá a ser suyo y la gira de césped podrá cobrar el sabor de una despedida diferida. Wimbledon le espera: otra final no parece probable, pero nadie que haya ganado un punto de quiebre a Kyrgios en césped lo da por muerto.
