Augsburg domina, falla un penalti y se deja escapar la victoria contra hoffenheim
El Fuggerstädter despertó con dos puñetazos en la mesa en apenas tres minutos, se durmió en los laureles y acabó suplicando que el balón no se fuera al cielo en el minuto 85. Resultado: 2-2, otro puñetazo en el estómago y la sensación de que la crisis no está tan lejos como parecía.
De eléctrico a eléctrico en veinte minutos
Christian Streich suele decir que los primeros cuartos de hora son un espejo del alma. Si es verdad, el Augsburg salió al campo con los ojos inyectados de rabia: Claude-Maurice recibió de Fellhauer, se inventó un caño y clavó la pelota al poste interno del meta Philipp Pentke. Antes de que el VAR terminara de revisar la jugada, Gregoritsch ya había vuelto a hacer temblar las redes con un zurdazo cruzado que dejó a Ozan Kabak vendiendo humo. Dos goles, dos bufidos, dos minutos y medio de diferencia. El WWK Arena rugía.
Pero el fútbol castiga el exceso de confianza con la misma saña con la que premia la osadía. Un córner colgado al segundo palo encontró la testa de Hranáč, que saltó solo como quien va a por el pan. El 2-1 encendió la mecha de la TSG y Touré, en una jugada que parecía más un despeje que un disparo, clavó el empate contra el palo corto de Dahmen. El balón besó el poste, se arrastró por la línea y se coló mansa. De la euforia al suspenso en siete minutos.

Carné de identidad: once amarillas y un penalti al cielo
El segundo acto fue un festival de tarjetas que Daniel Schlager repartió como si fueran caramelos de Halloween: ocho en once minutos, cuatro por bando. Entre empujones, voces y codazos, Baum movió el banquillo: Rodrigo Ribeiro por Gregoritsch, Jakić por Gouweleeuw, Rexhbeçaj por Wolf. El mensaje era claro: no quería sangre, quería oxígeno.
El momento cumbre llegó en el 83': Anton Kade se coló en el área, Bernardo lo derribó y Schlager no dudó. Penalti. El mismo Claude-Maurice que había inaugurado el marcador se plantó frente a Pentke, miró al palo derecho y la mandó a la estratosfera. El balón aún no ha aterrizado. El WWK Arena calló. El Augsburg sumó un punto que sabe a poco y el descenso, aunque sigue a siete puntos, empieza a mirar de reojo.
Lo que nadie cuenta es que el FCA llevaba 270 minutos sin ver portería rival antes del doblete inicial. Que el capitán Gouweleeuw jugaba su primer partido completo desde septiembre. Que Claude-Maurice había marcado su primer gol en casa desde noviembre. Y que, pese al sabor amargo, el equipo sigue fuera de la zona de promoción. La tabla es generosa, pero la memoria es implacable: fallar un penalti en el tramo final duele lo mismo que encajar en el 94'. La diferencia es que la culpa no se la lleva el viento, se la queda el jugador. Y esta noche, el francés se ha llevado una losa a casa.
