Vinícius falla, silban y van der vaart le cruje: «me horroriza verlo»
El Bernabéu se volvió un tambor de pitos. A 30 minutos del final, el Madrid perdía 0-2 contra el Bayern y Vinícius plantó la pierna derecha demasiado lejos. Neuer salió, cerró el ángulo y el balón acabó en la grada. La hinchada blanca no perdonó. El brasileño, que había llegado al área como un rayo, abandonó la zona con la cabeza gacha y el cuello rojo de rabia.

Van der vaart carga desde holanda: «es triste ver cómo se tira»
El ataque no venía solo de Madrid. En los estudios de Ziggo Sport, Rafael van der Vaart apretó el micro como si fuera una trinchera. «Vinícius es horrible. Me molesta hasta el extremo cuando lo veo», soltó el ex madridista. Su queja no era técnica; era ética. «Desde que recibe un pequeño empujón, se tira, espera la roja, luego se levanta como si nada. Eso es lo triste de un jugador fantástico.»
La secuencia que enfureció al neerlandés ocurrió en el 63′. Davies le pega un codazo sutil en el cuello. Vinícius aguanta, mira al árbitro, cae de golpe, se retuerce, abre los ojos, ve amarilla para el canadiense y se incorpora. Ni siquiera el VAR revisó. En el palco, Carlo Anceloti mascó chicle con gesto de quien ha visto esa película demasiadas veces.
El Madrid terminó cayendo 1-3. El gol de Rodrygo fue mero maquillaje. En la zona mixta, Vinícius pasó sin parar. Fuera, las radios locales hablaban de «noche de quiebre» para el extremo. Lleva 23 tantos esta temporada, pero los errores en la Liga de Campeones pesan más que un camión. El Bernabéu perdona la audacia, no la precipitación.
Van der Vaart no es el primero que le cruje. Hace quince días, Matthäus lo tildó de «clown» en Sky. El brasileño responde en redes con emojis de risa, pero dentro del vestuario reconocen que la presión le está doblando los tobillos. Con 23 años, el reto ya no es driblar a cuatro rivales; es driblar a las cámaras, a los ex jugadores y a su propia hinchada.
El martes que viene el Madrid visita el Allianz Arena con la necesidad de remontar. Vinícius viaja, pero el ruido va con él. Si vuelve a fallar, los pitos llegarán desde Munich y desde su propio patio. Porque en el fútbol de elite la memoria dura lo que dura un sprint: treinta metros y una carrera a la grada.
