Valverde explota cuando menos se le espera: ¿por qué solo brilla en partidos de vida o muerte?

Fede Valverde no sorprendió a nadie en el Bernabéu. El uruguayo desnucó al City con tres golpes que parecían obra de un delantero nato, pero el verdadero drama es que hace años sabemos que puede hacerlo… y sigue guardando la artillería en un cajón hasta que el club se juega la temporada.

Un hat-trick que no fue sorpresa para su mujer

Mina Bonino, periodista argentina y pareja del mediocampista, lo adelantó en redes apenas terminó el 3-0: «¿Por qué mi marido está en su mejor forma cuando estoy embarazada?». Broma con sabor a verdad. El tercer hijo de la pareja está de camino y, de nuevo, Valverde parece haber encontrado el interruptor que otros buscan toda la carrera. Lo que llama la atención no es el estallido, sino el largo letargo que lo precede.

Contra el City fue todo: lateral derecho improvisado que anuló a Doku, pivote que recuperó nueve balones y extremo que remató cinco veces con la precisión de un reloj suizo. Zidane ya lo prefirió en 2018 a Marcos Llorente; Ancelotti llegó a apostar su licencia de entrenador a que terminaría la campaña 2022/23 con dos dígitos de goles. La apuesta se cumplió, pero fue un espejismo: desde entonces vuelve a contentarse con rachas de dos partidos seguidos.

La mano de freno que no se explica

La mano de freno que no se explica

En el césped se le ve correr, pero no despegar. Dispara, pero no siempre. Valverde arrastra una timidez táctica que no le pide nadie: prefiere equilibrar al equipo antes que explotar su zapatazo de 100 km/h. El resultado es un récord personal de siete tantos ligueros… en seis temporadas. Para alguien cuyo disparo medio ronda los 25 metros por hora y cuyo xG supera al de muchos arietes, la cifra es un insulto a la lógica.

El sábado, tres días después del hat-trick, volvió a probarlo: golazo desde la frontal al Elche. El Bernabéu cantó su nombre, pero en el palco algunos directivos se miraron: «¿Y si le pidiéramos lo mismo cada fin de semana?». La respuesta aún no llega. El propio Valverde habla de «lectura del partido» y de «equilibrio», palabras que suenan a excusa cuando se tiene la llave de la puerta grande.

La historia del madridismo está llena de all-rounders que terminaron especializándose en ganar: Seedorf, Solari, hasta Kroos, que fue el primero en avisarle: «Aquí se valora al que gana, no al que lo intenta». Valverde ganó al City, pero fue su primera noche de esa talla desde hace meses. Madrid necesita que el interruptor no vuelva a apagarse hasta la final de Wembley. De lo contrario, el recuerdo de esa noche mágica se quedará en anécdota de Instagram.