Jacobsen pone la artillería pesada: los campeones olímpicos quieren humillar a alemania en casa
La selva danesa rugió en enero. Dos bofetones seguidos. Ahora, Nikolaj Jacobsen baja del armario la artillería pesada: 18 nombres, casi todos campeones del mundo, varios medallistas olímpicos y tres chavales que vienen a demostrar que la fábrica nunca para. El mensaje es claro: ni un respiro para Alemania.
El 15 de mayo en copenhague será guerra
La Royal Arena huele a revancha. Jacobsen no quiere experimentos; quiere sangre. Por eso repite el grueso del bloque que levantó la Euro 2024 y que dejó a Alfred Gíslason con cara de haber tragado limón. En el papel: Emil Nielsen bajo palos, Mathias Gidsel y Simon Pytlick desde la línea de 9 metros, y Magnus Saugstrup aplastando desde el círculo. En la grada, 12.000 vikingos dispuestos a corear «Deutschland, wir kommen».
El segundo round será el domingo 17 en la Lanxess Arena de Colonia. Ahí Alemania se juega más que dos amistosos: se juega la autoestima a tres meses de un Mundial que organiza y que ya le huele a humo. Jacobsen lo sabe: «Ellos han subido al podio en los últimos Juegos y Europa. Son jóvenes, hambrientos y juegan en casa. Si alguien cree que va a ser un paseo, se equivoca de deporte».

Los flamantes debutantes daneses que pueden convertirse en pesadilla
Entre los veteranos se cuelan Frederik Bjerre, Thomas Arnoldsen y Marinus Munk. Tienen 20 años, piernas de gacela y la bendición de Jacobsen: «En marzo probé otros nombres, pero ahora necesito rodaje real para los que llegarán al Mundial». Traducción: si rompen a los germanos, sellarán billete para 2025.
El otro dato que duele: siete de los 18 daneses militan en la Bundesliga. Conocen cada rincón de la Lanxess, cada eco del vestuario, cada gesto de los porteros alemanes. Vienen a casa ajena como quien visita su segunda cocina.
Alemania arrastra dos años sin ganarle a Dinamarca. La última victoria data de 2022, un 29-28 en el EHF Cup. Desde entonces, cinco derrotas seguidas y un promedio de -4,2 goles por partido. Gíslason ha probado con seis defensas distintas, con Johannes Golla de central, con Juri Knorr de líder. Nada. El muro danés sigue en pie.
El viernes 15, a las 19:30, suena el pito. Alemania puede hacer dos cosas: romper la maldición o convertirse en el sparring de lujo de una máquina que no entiende de piedad. La cifra habla por sí sola: Dinamarca encadena 23 partidos invicto en casa. Si alguien quiere romper la racha, deberá arrancarle la victoria a un equipo que solo piensa en oro.
