Sven jablonski pita la final de la copa: el árbitro de élite que empuja al bayern al límite
El Olympiastadion respira el 23 de mayo a las 20:00 y Sven Jablonski, el banquero de Bremen convertido en juez de élite, tendrá el silbato entre los dientes para decidir si el Bayern recupera el trono o el VfB Stuttgart defiende su corona. El DFB lo confirmó este lunes en el Rote Rathaus: 125 partidos de Bundesliga y 26 de Copa preceden a su cita más ruidosa.
De las cuentas al césped: la escalada de jablonski
En 2017 debutó en la élite nacional; en 2022 ya arbitraba bajo el paraguas de la FIFA. A principios de 2026 lo ascendieron a la categoría Elite de la UEFA, ese club de 24 colegiados que mueven los hilos en Europa. Ahora le toca dirigir a Kane, a Undav, a Stellini y a una afición que no olvida su polémica en el Dortmund-Bayern del pasado octubre: dos penaltis no señalados que aún escuecen en Múnich.
El breve llamada de Knut Kircher, jefe de árbitros, fue suficiente para que el bremense se saltara el protocolo: «Me temblaban las piernas, pero de emoción», confesó después de colgar. «No es solo un partido; es la historia del club más laureado contra el campeón que nadie esperaba.»

Stuttgart busca la hazaña: repetir fuera del radar
El VfB no ganaba la Copa desde 1997 y la levantó el año pasado con un gol de Guirassy en la prórroga. Repetir significaría igualar al Werder de los 90 como último equipo consecutivo. Para ello confían en que Jablonski, habitual en sus victorias (8-2-2 en partidos dirigidos), mantenga el mismo criterio que les validó un gol anulado por fuera de juego milimétrico en cuartos ante Leverkusen.
El Bayern, por su parte, necesita el título para evitar la primera campaña en blanco desde 2012. Vincent Kompany ha convertido la final en una línea roja: «O ganamos o el proyecto se tambalea», admitió en la zona mixta tras semifinales. Nadie en el club olvida que Jablonski expulsó a Kimmich en la derrota de Copa ante Saarbrücken hace dos temporadas.
El 23 de mayo el balón rodará bajo los 74 475 asientos del recinto olímpico. Jablonski, con el silbato en la mano derecha y la VAR en la oreja, sabrá que cada pitido se convertirá en meme antes de que acabe la noche. La presión no es un lujo; es el precio de llegar a la élite a los 36 años sin haber sido futbolista profesional. El banquero de Bremen tiene 90 minutos para demostrar que las cuentas también pueden cuadrar en el césped.
