Venezuela pulveriza el sueño italiano y se cita con estados unidos en la final del classic
Miami amaneció con sabor a arepa. Venezuela apagó la bengala azurra con un sieteno demoledor y le dio la vuelta a un 2-0 que parecía sentencia. 4-2, y el LoanDepot Park se vistió de vinotinto: la final del World Baseball Classic ya tiene su otro protagonista.
El inning que cambió la historia
Italia llegó al cierre de la séptima con la miel en los labios. Dos carrillas, pitcheo de Hormel sin manchas, y la locura de Houston aún en la garganta. Pero Giménez rompió el hielo con un doble rayo al rincón de derecha. Chourio clavó la goma en home con un hitito que se coló por el cinco-palo. Y Acuña Jr., que parece jugar en slow-motion hasta que decide volar, empujó la tercera con un fly de sacrificio que el jardín central no alcanzó ni soñando. En un abrir y cerrar de ojos, la tricolor europea pasó de bailar a rezar.
Los relevistas venezolanos, Paredes y Quijada, cerraron con candado. Un ponche fulminante a Francisci y un roletazo al cinco del emergente Mazzocchi que terminó en la guante de Altuve. Silencio sepulcral entre los 2000 italianos que habían tomado la calle 14. Golpe de timón en la batea que llevaba la samba.

Estados unidos espera con la sed del 2017
La otra orilla ya la tiene el anfitrión. El equipo de las estrellas y franjas despachó a la República Dominicana 2-1 en la madrugada del domingo y busca su segundo título en cinco ediciones. La MLB entera tiembla: Trout, Betts, Goldschmidt y el bullpen de 100 millones quieren borrar el sabor amargo del 2023, cuando Japón los mandó a casa en cuartos.
La final será esta noche, 01:00 CET, mismo escenario, mismo olor a mar y nachos. Venezuela no ha ganado nunca el Classic; Estados Unidos solo lo hizo en 2017. Uno de los dos romperá su estadística. El Caribe o la potencia. El sueño de 30 millones de venezolanos o la máquina de propaganda del béisbol moderno.
La cifra habla por sí sola: Venezuela bateó .308 con corredores en posición de anotar durante todo el torneo. Nadie más supera el .275. Si la mantequilla vuelve a derretirse en el pan caliente de Miami, la Vinotinto podría despertar al mundo con un grito que no se escucha desde las épocas de Luis Aparicio.
