Österreich demoliert ghana: chukwuemeka y seiwald estrenan con gol en fiesta de 5-1

El Happel rugió. 40.000 gargantas corearon un nombre que hasta hace un mes ni figuraba en los papeles: Carney Chukwuemeka. El ex de Chelsea desató la locura con un zapatazo cruzado que selló el 4-1 y liquidó a Ghana en el primer amistoso del año. La rojiblanca, lejos de la triste imagen de Qatar, parece haber encontrado el botón de reinicio.

El cambio de nacionalidad que ya rinde dividendos

Paul Wanner y Chukwuemeka saltaron al césped con la tarjeta de ciudadanía aún tibia. No necesitaron aclimatarse: el primero filtró un pase de ruptura que dejó a Seiwald solo ante el portero; el segundo robó en la frontal, combinó con Sabitzer y definió con la frialdad de un veterano. «Los chicos llegaron con hambre, no con miedo», sintetizó Ralf Rangnick en la zona mixta. El técnico austríaco habló de «intensidad posicional» y «juego entre líneas», pero lo que quedó grabado fue la imagen de los debutantes abrazándose con la grada como si llevaran años defendiendo ese escudo.

El 1-0 llegó de penal, obra de Marcel Sabitzer, que luego asistió al tanto de Gregoritsch. El delantero del Augsburg, autor del gol que clasificó a Austria para su último Mundial, volvió a cruzar la raya decisiva y soltó la frase que resume el vestuario: «Cada gol de estreno vale doble en la economía del grupo. La multa ya está cantada». En el código interno, los debutantes deben pagar una cena; aquí la cuenta se duplicó porque dos marcaron. «Pero no será en dinero, será en sudor», avisó Gregoritsch entre risas.

El segundo acto que borró al rival

El segundo acto que borró al rival

Con cinco cambios al descanso, Austria pasó de dominar a arrasar. El mediocampo se alargó, Ghana se rompió y el balón empezó a circular a dos toques. El 2-1, obra de Michael Gregoritsch, abrió la compuerta; el 3-1 llegó tras una contra que Wanner inició en el círculo central y Seiwald cerró con un disparo raso. El estadio entonó el coro de «Oh, wie ist das schön» cuando Chukwuemeka clavó el cuarto. El 5-1 final, en el 93', fue la guinda que confirmó la diferencia de velocidad de pensamiento entre ambos equipos.

El resultado obliga a mirar el calendario: el martes llega Corea del Sur, otro clasificado a la última Copa del Mundo. «No vamos a bajar el pistón», advirtió Rangnick. «Queremos saber si podemos mantener este ritmo cada 72 horas». La pregunta ya no es si Austria llegará a la Euro, sino cuánto daño puede hacer una plantilla que ha encontró dos piezas que desequilibran sin necesidad de manual.

El partido terminó y los nuevos héroes se fueron abrazados por la curva norte. En el vestuario, Sabitzer puso el altavoz y sonó la canción que ellos mismos se han inventado: «Carney, Paul, los tenemos, el rival tiembla». Ghana se fue con la sensación de haber topado con un equipo que ya no arranca el año, sino que acelera. La próxima estación: Seúl, martes 20:45. Y la cuenta pendiente de dos cenas que, según el código no escrito, sabrán a victoria.