Murcia bautiza el «altitud express»: oro mundial a 50 metros de la playa

445.658 Euro, una playa al alcance de la mano y un dormitorio que finge estar a 2.600 metros. Esa es la fórmula con la que Mariano García se subió lo más alto del podio en los 1.500 m del Mundial indoor. El CAR de la Región de Murcia acaba de estrenar el único módulo de hipoxia modulable de España: altitud a la carta para entrenar, descansar o simplemente tomar una soda sin salir del nivel del mar.

La máquina de fabricar glóbulos rojos

Rafa Alcázar, director del centro, abre la puerta como quien descubre un tesoro. «Es la joya de la corona», avisa antes de cruzar el umbral. Dentro, un corredor respira aire enrarecido mientras la pantalla marca 2.000 m de altitud. A su espalda, una habitación doble simula 2.500 m para que el cuerpo produzca más hematíes mientras duerme. A 50 metros, el agua cristalina de Los Alcázares brilla bajo 20 grados de sol constante. Nadie ha conseguido hasta ahora combinar clima mediterráneo y entrenamiento en altura sin subir a un avión.

García lo resume en una frase: «Prepararme en Sierra Nevada me llevaba cuatro horas de coche. Aquí bajo del apartamento, me calzo las zapatillas y en media hora estoy en la cinta». Comenzó en noviembre con ciclos de 21 días: primero 1.800 m, luego 2.000 m para los fondos largos y 2.500 m para dormir. El resultado: medalla de oro en Glasgow. «La diferencia se nota en la última vuelta», dice mientras enseña la cicatriz de un spike en el tobillo. «Cuando los demás van con fuego en los pulmones, yo aún tengo un punto de oxígeno de sobra».

Remo, remo paralímpico y un muelle olímpico

Remo, remo paralímpico y un muelle olímpico

El módulo no es solo para fondistas. En el mismo espacio comparten un ergómetro los beach sprinters Ander Martín y Esther Briz. «Imagina entrenar como en Sierra Nevada pero con olor a sal», resume Briz antes de ajustar la máscara. El CAR les ha convertido en centro neurálgico de cara a Los Ángeles 2028. Salen del módulo, cruzan un paseo de palmeras y zambullen la pala en el Mar Menor. El pantalán recién renovado aloja 17 regatas este año, seis de ellas europeas. La vela, tradicionalmente mediterránea, se ha apuntado al carro de la hipoxia: los regatistas hacen fuerza en la cámara y luego prueban el viento en aguas interiores.

Paralímpicos con número de serie

Paralímpicos con número de serie

Higinio Rivero, piragüista y primer español en competir en tres deportes distintos en unos mismos Juegos, ha cambiado La Cartuja por Murcia. «Necesitaba un sitio donde el Va'a fuera más que un mueble», explica mientras coloca la pala de su canoa adaptada. El CAR es la única sede permanente de deportes paralímpicos del país. Cristina Rubio, única tenimesista en silla de ruedas del centro, entrena junto a la olímpica María Xiao. «Compartimos mesa, pelotas y objetivo: clasificarme para el Mundial». La piscina de 50 metros, climatizada con aerotermia y techo retráctil, enfía el agua hasta 16 grados para los nadadores de aguas abiertas. «La única en España que puede enfriar», presume Alcázar.

El recinto huele a pintura fresca y a ambición. Han invertido más de 6 millones de euros: 2,3 del Gobierno regional y 3,7 de fondos NextGeneration. El dinero se traduce en tres gimnasios, aulas bautizadas con nombres como Carlos Alcaraz o Alejandro Valverde y 45 plazas internas que se llenan antes que un piso en el centro de Madrid. «No vendemos sueños, vendemos récords medidos con cronómetro», dice Alcázar mientras cierra la puerta del módulo. Afuera, el sol cae sobre el Mar Menor y un grupo de atletas corre por el paseo. En sus pulmones hay menos oxígeno del normal, pero en sus pies la arena de la playa les recuerda que siguen a nivel del mar. El próximo objetivo: París. La fórmula ya está escrita: entrenar arriba, dormir arriba y celebrar abajo.