Mourinho explota: expulsión y 'traidor' 50 veces en el clásico que deja a benfica ko

José Mourinho salió pitando del Estádio da Luz con la camiseta empapada de sudor y la voz rota por los gritos. No era el calor portugués, era el fuego interno que le devora cada vez que el fútbol le recuerda que fue, que es y que siempre será el enemigo para alguien. El 2-2 entre Benfica y Porto acabó con él en el túnel y con el país escuchando el audio de su rueda de prensa: «Me ha llamado traidor cincuenta veces; quiero que me explique qué significa traicionar».

El clásico que se fugó en el 92 y la condena de mourinho

El partido era un asalto de título. Dos goles abajo, Benfica remontó con sangre —y con un VAR que anuló un tercero portista por milímetros—, pero el punto sabe a poco: Porto lidera con 66 puntos, Sporting acecha con 62 y los de Mourinho se quedan con 59. La lucha por la Liga sagrada se les escapa a cuatro jornadas del final y la afición no perdona. El técnico lo sabe y, por eso, cargó contra quien considera responsable de su expulsión: Luis ‘Lucho’ González, ayudante de Vítor Bruno en el banquillo azul.

La secuencia es un guion ya viejo en la carrera del luso. Minuto 83, disputa en la banda, Mourinho protesta, González le cruza la cara con el grito de «¡traidor!». El cuarto árbitro se interpone, el árbitro principal saca el cartón rojo directo. Mourinho señala su propio pecho, besa el escudo de Benfica y se marcha entre empujones. «¿Traidor por qué? Por devolverle a este club lo que me dio cuando era un don nadie», soltó después, aludiendo a su fugaz etapa como entrenador de los encarnados en 2000.

La ironía que nadie contó: gonzález también cambió de bando

La ironía que nadie contó: gonzález también cambió de bando

El Porto pagó 19 millones de euros al Olympique de Marsella en 2009 por repatriar a su entonces capitán. Mourinho no olvida esa cifra ni la fecha. «Cuando él se fue, ¿también fue traidor?», arremetió. El argumento cayó en la sala como una losa: en el fútbol portugués, la única lealtad admitida es la que no se mueve, aunque el dinero y los títulos crucen la frontera.

El empate deja a Benfica necesitando un milagro para capear la segunda temporada consecutiva sin trofeos. Mourinho, expulsado y con posible sanción de varias jornadas, tendrá que ver la recta final desde la grada. Su balance desde su regreso a Lisboa: 59 puntos en 30 jornadas, la peor media desde su etapa en Roma. El hombre que ganó todo hace dos décadas ahora pelea por no quedarse sin Europa.

En el vestuario rojo los jugadores hablaban bajo. Uno de los veteranos resumió el ambiente: «Hoy salvamos el orgullo, pero el título se fue al norte». Mourinho lo sabe. Por eso, cuando cruzó la zona mixta, solo atinó a repetir una frase: «Yo di mi alma a cada club; eso no se llama traición, se llama profesión». Queda la sensación de que, esta vez, ni siquiera su desmesura servirá para torcer el destino de la liga.