Jokic explota tras la debacle: “fue un abandono, no una derrota”
Denver sufrió su peor paliza en casa desde 1997, encajó 142 puntos de los Knicks y perdió a Jamal Murray por una torcedura de tobillo. Nikola Jokic, autor de 38 puntos, no buscó excusas: “Nos desarmaron y nosotros nos fuimos al sillón”.
La noche en la que el pepsi center se quedó sin alma
El primer cuarto fue una mentira. Denver anotó 34 puntos, empujado por la euforia de la vuelta de Aaron Gordon y Cam Johnson. Luego vino el derrumbe: 51-77 en el segundo acto, 17 triples fallados seguidos, 28 rebotes de diferencia y una sensación que rara vez se respira en la altitud: resignación. Cuando Murray se retorció el tobillo derecho a 1:42 del descanso, el marcador ya gritaba 103-142, la mayor diferencia en casa desde que Seattle humilló a los Nuggets el 8 de marzo de 1997.
Jokic, casi con calma, despachó la charla postpartido en cuatro frases. “Empezamos bien, abrimos canastas y de pronto se apagó la luz. No hay rebote, no hay balón suelto, no hay chispa. Ellos jugaban; nosotros mirábamos”. El serbio terminó con 38 puntos, 10 asistencias y un +/- de -26. Solo Murray (12) y Johnson (10) le acompañaron en dígitos dobles. Gordon, 21 minutos, 1/7 en tiros: un fantasma.

El calendario es un cornado
Lo que duele más que la herida de Murray es lo que se avecina: 18 partidos, 11 contra equipos ganadores, incluidos dos duelos con el campeón OKC, uno con Boston y otro con Milwaukee. Denver está a 2,5 victorias del play-in, pero posee el calendario más exigente de toda la NBA. “No es momento de hacer cuentas”, dijo Michael Malone, aunque la tabla miente: los Nuggets han caído al quinto puesto del Oeste y cada noche que pase sin Murray puede ser un escalón hacia abajo.
La lesión del base es, oficialmente, “esguince de tobillo grado 2”. Sin fecha de regreso. Con él en pista Denver anota 118,3 puntos cada 100 posesiones; sin él cae a 109,8. La diferencia es el abismo entre contender y sobrevivir.

¿Y ahora qué?
El vestuario olía a frío y a sudor viejo cuando Jokic se detuvo ante los periodistas. Alguien le preguntó si la temporada está rota. “Rota no, pero descaminada. Y si no encontramos el camino en 48 horas, Oklahoma nos pasará por encima como un tren”. No exageró: el prónte duelo es el martes en la Chesapeake Arena, donde los Thunder solo han perdido cuatro veces esta campaña. La frase que quedó colgando en el aire fue la última de Jokic antes de desaparecer por el túnel: “El balón no miente. Y anoche dijo que éramos un equipo de segunda fila”.
