Infantino rastrea el mundial en jet privado: ¿ecología o derroche?
Mientras los aficionados sueñan con el Mundial más grande de la historia, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, está recorriendo el continente a una velocidad vertiginosa. Su objetivo: no perderse ni un solo partido de la competición que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México. Pero su afán por la presencia in situ tiene un coste: una huella de carbono considerable y un debate sobre la sostenibilidad en el deporte.
Un itinerario aéreo sin precedentes
Desde la vibrante Ciudad de México hasta los bulliciosos campos de juego de Los Ángeles, pasando por Vancouver y San Francisco, Infantino se desplaza en un jet privado cortesía de Qatar Airways, su patrocinador. Su agenda es implacable: asistir a dos partidos diarios siempre que el calendario lo permite. La cifra que revela el diario británico The Guardian es impactante: un verdadero maratón logístico que contrasta con la preocupación creciente por el medio ambiente.
El itinerario del mandatario es frenético. Después de presenciar la ceremonia de inauguración en Ciudad de México, Infantino voló a Guadalajara para ver el triunfo de Corea del Sur sobre la República Checa. Al día siguiente, estaba en Los Ángeles para celebrar la victoria de Estados Unidos frente a Paraguay, seguido de traslados entre San Francisco y Vancouver para ver los encuentros entre Qatar y Suiza, y Australia y Turquía. Un breve respiro en Miami para una cumbre con las federaciones afiliadas, y de nuevo a Los Ángeles para el debut de Irán contra Nueva Zelanda. Esta intensidad es muy diferente a la de Qatar 2022, donde la concentración de los estadios facilitó una presencia habitual en casi todos los partidos.
La particularidad del Mundial 2026 reside en su dispersión geográfica: tres países, cuatro zonas horarias y 16 estadios separados por distancias que superan, en algunos casos, los 4.500 kilómetros. Mover a las selecciones ya es una hazaña logística, pero para un solo hombre, el presidente de la FIFA, se convierte en un desafío aún mayor.

El precio ambiental de la ambición
Según cálculos recientes, ninguno viajará tanto como Infantino, superando incluso a la selección bosnia, obligada a moverse entre Toronto, Los Ángeles y Seattle. Pero este dinámico itinerario aéreo no ha pasado desapercibido. El New Weather Institute, un prestigioso think tank británico, ha calificado el Mundial 2026 como “el evento deportivo más contaminante de la historia”, estimando unas emisiones totales de CO₂ de 9 millones de toneladas. Un 77% de estas emisiones están directamente relacionadas con el transporte aéreo.
La ambición de Infantino de estar presente en la mayor cantidad posible de eventos es admirable, pero el debate sobre el impacto ambiental de este formato ampliado ha comenzado a resonar con fuerza. Su tour diario se ha convertido en un símbolo de un Mundial gigantesco, ambicioso y sin fronteras, pero también uno de los más dispersos y controvertidos de la historia. La ironía es palpable: un torneo que busca celebrar la unión a través del deporte, deja una profunda huella negativa en el planeta.
