Dobruna desata la locura y zwickau ya suma 26 partidos sin perder en casa

Una cabalgada de 50 años quedó resumida en un cabezazo de Veron Dobruna. El delantero croata de FSV Zwickau clavó el balón en el 12' y desató la algarabía en el GGZ-Arena, donde la hinchada celebró con fuegos artificiales y coreografías la victoria 1-0 sobre Hertha Zehlendorf que prolonga el invicto local hasta los 26 encuentros. La noche olía a nostalgia: camisetas retro de mangas largas, un tifo gigante que recordaba el gol de Ludwig Blank ante Celtic Glasgow en 1976 y, sobre todo, la certeza de que el presente también puede escribir su propia epopeya.

El gol que valía una fiesta

La jugada fue más rutinaria que poética: córner desde la derecha, caos en el área pequeña y Dobruna solo, como flotando, para empujar el esférico al fondo de la red. El estadio estalló. El croato, que llegó en invierno desde la Segunda croata, ya suma cuatro tantos en siete partidos y se ha convertido en el chaval que pega la chispa a un equipo que no pierde en su feudo desde el 3 de octubre de 2024. «Sentí que el balón pedía mi cabeza y la afición pedía historia», dijo después entre risas y abrazos.

Lo que nadie cuenta es que el gol casi se le escapa. Dobruna había errado dos remates previos, uno alto y otro desviado, y el entrenador Rico Schmitt ya se frotaba la frente. Pero la tercera fue la vencida y el 1-0 se quedó como un reloj suizo que no se toca más.

Zehlendorf, más dignidad que puntos

Zehlendorf, más dignidad que puntos

El colista no se arrugó. Ernest Smailovic, su capitán y motor, sacó petróleo de cada balón dividido y obligó al portere Robert Wulnikowski a lucirse tras el descanso. Los berlineses, últimos con 13 puntos, plantaron cara durante 78 minutos y dejaron a Zwickau en evidencia cada vez que el balón rodaba por el césped mojado. La figura local volvió a ser Wulnikowski, que salvó la sentencia con una mano que recordó a Toni Schumacher.

El partido se volvió un correcalles en la recta final. Lukas Eixler pudo cerrarlo a los 79', pero su volea se marchó por un palmo cuando ya cantaba la grada. Schmitt respiró hondo, se ajustó la bufanda y gritó desde el banquillo: «¡A cerrar la nevera, chicos!». La frase se convirtió en trending topic local antes de que el árbitro pitiera el final.

La estadística que asusta a la liga

La estadística que asusta a la liga

Con este triunfo, Zwickam alcanza los 48 puntos y se mete en la pelea por el ascenso a la 3. Liga. Pero el dato que retumba en la Regionalliga Nordost es otro: 26 partidos sin perder en casa, racha que arrancó hace 17 meses. El último equipo que ganó en el GGZ fue Chemie Leipzig; desde entonces, 21 victorias y 5 empates que convierten la fortress de Zwickau en un fortín medieval.

La cifra habla por sí sola: 48 goles a favor y solo 11 en contra en esa racha. La grada huele a bratwurst y esperanza, y los rivales llegan intimidados antes de pisar el césped. El secretario deportivo, Maik Baumann, lo resume con una sonrisa pícara: «Cuando la gente entra aquí, se olvida del GPS y encuentra el camino al miedo».

La noche terminó con los jugadores aplaudiendo a la hinchada desde el círculo central y con la promesa de que la próxima fiesta será el 21 de marzo contra Berliner AK. Si vuelven a ganar, igualarán la mejor racha de la historia del club: 27 sin perder en casa. Dobruna ya avisó: «Esta historia solo acaba de empezar». Y la afición, con su cantito de «Auf geht's, Zwickau, schieß ein Tor!», se frotan las manos pensando que 1976 puede tener una secuela en 2026.