Cuche devora el super-g y pone a suiza en orbita: oro doble en 48 horas

Robin Cuche no entiende de límites. Este viernes voló por la pista de Kitzbühel, apretó los cantos de su monoesquí y firmó un cronómetro demoledor: 1:14.32, suficiente para colgar su segunda medalla de oro en los Juegos Paralímpicos. La primera, la logró el martes en descenso; hoy, en supergigante, dejó a los rivales mirando al cielo de los Alpes.

La trama se rompió en la cuesta final

La bajada no fue un trazo de caligrafía perfecta. Cuche se pasó de rayo en el pasillo del Hausberg, casi toca el muro de la Zielschuss y aún así aumentó la ventaja. Jules Segers, el francés que le pisaba los talones, perdió 1,38 segundos en los últimos 25 segundos de recorrido. Lo que nadie cuenta es que el reloj interno del suizo late a 140 pulsaciones por minuto y no se arruga cuando la pista se pone vertical.

Detrás, el dramático colapso del ruso Aleksei Bugaew: un error en la entrada del compression lo catapultó fuera de los diez primeros. Arthur Bauchet, otro de los gallos, se fue directo a la red de seguridad. En la sala de cronometradores solo se escuchó el «pfuuuh» de los técnicos suizos cuando vieron que nadie bajaba del 1:15.

Un oro que vale tres veces más

Un oro que vale tres veces más

Con este doblete, Cuche iguala la gesta de Christoph Kunz en Sochi 2014 y coloca al país helvético en la tercera plaza del medallero paralímpico. El presidente del Comité Suizo, Jürg Capol, no pudo contener la voz: «Robin ha cambiado el chip: de promesa a referente en 48 horas». Patrick Halgren (EE.UU.) se llevó la plata con un margen de 1,64 y Segers se conformó con el bronce, visiblemente frustrado.

Para los otros suizos, la jornada fue cuesta arriba: Theo Gmür acabó 14º y Emerick Sierro 19º. En la zona mixta, Gmür soltó la frase que resume el día: «Robin está en otra liga; nosotros corremos, él vuela». La cifra habla por sí sola: Cuche ha bajado 7,3 km/h más de velocidad punta que el resto del campo.

El supergigante cierra la primera semana de competición alpina y ya hay fecha para la venganza: el gigante del lunes. Cuche, con dos oros en el bolsillo, podría retirarse y firmar el mejor balance suizo desde 1988, pero en la entrevista flash de la ORF dejó caer el aviso: «Aún no hemos terminado». La ladera de Kitzbühel lo sabe: cuando el suizo apunta, la medalla tiembla.