Cazorla, joaquín y el hijo de 16 años: el partido que cerró 100 años de real oviedo
El Carlos Tartiere tembló anoche de emoción y de goles. Ocho mil gargantas coreaban «¡¡¡Oviedo!!!» cuando Joaquín Sánchez, con 42 tacos, volvió a dejar a un defensor sentado y asistió a Cervero para el 3-1. Fue el broche de oro a una semana de centenario que culminó con un 4-3 vibrante entre los amigos de Santi Cazorla y los de Esteban Suárez.
La grada desplegó un tifo gigante antes del saque inicial: seis leyendas azules –Cazorla, Cervero, Esteban, Carlos, Herrerita y Lángara– observaban desde el cielo del Fondo Norte. Bajo ellos, sobre el césped, desfilaron más de veinte futbolistas que han escrito páginas de Primera. Monreal y Javi Venta recuperaron carreras; Marchena volvió a marcar de cabeza; Piatti clavó un zurdazo que obligó a Esteban a aplaudir desde la portería rival.
El momento que rompió el protocolo
El cronómetro marcaba el 63' cuando Enzo Cazorla, juvenil del Oviedo B, saltó al campo. Su padre, Santi, le esperó en el círculo central. Abrazo, palmada en la espalda y ovación. A los 16 años, el chico correteó la banda izquierda, se atrevió con un caño y la grada rugió como si fuera una final. «He llorado», confesó después el exinternacional, que jugó con el brazalete de capitán y la sonrisa de orgullo.
El encuentro fue un ir y venir de recuerdos. Dani García Lara regateó como en el Leverkusen de hace dos décadas; Catanha marcó el gol del honor para los de Esteban; y hasta Paulo Bento, con 54 años, recuperó un balón en la medular que provocó un «¡uuuh!» nostálgico. Al final, 4-3 para el equipo de Cazorla, pero el marcador era lo de menos.

Las puertas que ya llevan nombre
Antes del pitido inicial, el club bautizó las puertas 26, 7, 17 y 12 del estadio. Ahora llevan los nombres de García Lavilla, Álvarez Alonso, Paulo Bento y Esteban Suárez. Cuatro leyendas que suman 848 partidos oficiales con la camiseta azul. «Somos historia andando», dijo Esteban mientras los niños pedían fotos y autógrafos. El presidente Peláez no pudo contener la voz quebrada: «Cien años y seguimos aquí, gritando ¡Vamos Oviedo!».
La fiesta se trasladó al aparcamiento: cervezas, gaitas y bufandas que ondeaban como banderas. A las dos de la madrugada aún sonaban cánticos. El centenario no fue un punto final; fue una patada de salida para los próximos cien. El Real Oviedo ya respira aire de futuro, pero anoche, por un rato, fue un juguete del pasado que volvió a marcar goles.
