Magdeburg entre la gloria y el abismo: gana en münster y roba la linterna roja
El Preußen Münster se hunde en la 2. Bundesliga tras caer 1-3 contra Magdeburg, que se saca la mochila de la crisis y coge oxígeno en la tabla. La grada del Preußenstadion tembló al escuchar el pitido final: su equipo ya es colista.
El partido que nadie quiere jugar
El llamado kellerduell olía a desesperación desde el minuto uno. Dos equipos que llevaban semanas jugándose la vida en cada balón se miraron a los ojos y se reconocieron en el mismo espejo roto: errores en la salida, centros sin rematador y una tensión que convertía cada pase en una bomba de relojería. Magdeburg, al menos, supo transformar la incertidumbre en gol antes del descanso. Un penalti dudoso sobre Musonda lo cambió todo: Zukowski engañó a Schenk y el 0-1 dejó a Münster con la garganta seca.
La segunda mitad fue un monólogo de los de Schulze-Marmeling sin guionista. Dominaron la pelota, pero el fútbol no entiende de posesión cuando la creatividad brilla por su ausencia. El 2-0 llegó como una daga: contra perfecta de Krempicki a Zukowski, que definió con la frialdad de un sniper. El gol de Amenyido a diez del final fue mero espejismo; Tachie selló el 3-1 en el tiempo añadido cuando Schenk se había quedado en campo rival buscando un milagro que no llegó.

La linterna roja ya tiene dueño
Con 26 puntos, Münster ostenta ahora el puesto 18 y la peor defensa de la zona baja: 52 goles en contra. Magdeburg salta al 17 con 27 unidades y, de momento, airea la camiseta de la salvación. El calendario no perdona: los de Sander reciben al Bochum en la próxima jornada, mientras que los de la Preußen visitan a Kiel, otro gigante herido que también mira hacia abajo.
La afición de Münster, fiel hasta la extenuación, dejó el estadio en silencio sepulcral. El club se jugará la permanencia sin entrenador fijo y con una plantilla que parece haber perdido la fe en los milagros. La Segunda División alemana, esa fiera que devora ilusiones, ha encontrado su víctima preferida. Y la linterna roja, ese símbolo que nadie quiere colgar en su vestuario, ya tiene nuevo dueño en Münster.
