Florentino declara guerra: riquelme es el hijo del calderonismo

Florentino Pérez no vino a presentar un proyecto; vino a enterrar uno. Con la sala del palco de honor repleta de leyendas y con Ronaldo como padrino inesperado, el presidente lanzó su candidatura como quien dispara a quemarropa: Riquelme encarna «los mismos que robaron la soberanía de los socios» y el Madrid debe blindarse otra vez.

El discurso de la sospecha

Desde el primer minuto sonó el tambor. «Detectamos una campaña en la sombra» fue su carta de presentación. Sin anuncios de fichajes, sin promesas de Champions extra, Florentino se agarró a dos pilares: la hucha del club («el más rico del mundo») y la sombra negra de Ramón Calderón. Repitió la letanía de siempre, pero esta vez con nombres y apellidos. «Hijos, cuñados y directivos» forman, según él, la misma banda que hace quince años llenó la asamblea de avales falsos.

Escaso detalle, máxima tensión. La novedad fue que lo dijo todo sin rubor, con la convicción de quien ya no necesita convencer. El Bernabéu infinito, ese invento futurista con Apple que lleva meses en el cajón, volvió a sonar como himno de guerra. ¿Cuándo? «Pronto». ¿Cómo? «Con tecnología que Harvard estudia». La ambigüedad no importa; el eco sí.

Sorpresa: copia la propuesta del rival

Sorpresa: copia la propuesta del rival

Lo que nadie contaba es que la propuesta estrella del día ya la había lanzado Riquelme por la mañana. Un club social para los socios. Florentino la asumió con la misma naturalidad con la que se apropió del paseo de la Castellana en los 2000. «Lo hacemos, pero mejor». El gesto resumió la táctica: no innovar, absorber y neutralizar.

También se comprometió a redistribuir carnets retirados por reventa, un guiño calculado a la grada joven que odia pagar cacheo a los vividores de la puerta 48.

Negreira, el látigo eterno

Cuatro minutos antes del cierre, el presidente soltó la frase más repetida en sus últimas comparecencias: «No pararé mientras el caso Negreira manche el fútbol español». Juró entregar toda la documentación a la UEFA y prometió «luchar sin descanso». La sala estalló en aplausos, aunque la jugada suena más a trámite político que a golpe contundente. ¿Funcionará? La pregunta flota, pero Florentino ya no espera respuesta. Solo quiere que el ruido tape cualquier duda interna.

Ronaldo, con voz de adolescente emocionado, dio el broche: «Siempre has sido el mejor». El brasileño sonrió y la cúpula respiró. Faltan semanas para las urnas, pero anoche el Madrid ya olía a victoria sin votar.