Darmstadt patina en el ascenso: schalke lo frena y el sueño se aleja

El Merck-Stadion am Böllenfalltor se quedó mudo. Un silbido final y el 1-1 se convirtió en un espejismo: Darmstadt 98 tenía en la mano la tabla, pero la soltó. Schalke 04, líder de la 2. Bundesliga, salió de Hessen con la frente en alto y dejó a las Lilien fuera de los puestos de ascenso por primera vez en meses.

El partido prometía fuego, pero regó ceniza. Moussa Sylla adelantó a los visitantes a los 44 minutos con un remate de rabia tras un córner que timbró el palo y besó la red. El gol despertó a Isac Lidberg, que, como un lobo hambriento, empató en el último aliento de la primera parte con un golpeo de espuela que dejó a Loris Karius vendido. Fue su gol número 14 esta temporada, pero le supo a poco.

El gol anulado que enfureció a la gente

Antes del 0-1, el estadio había estallado. Un balón suelto, un empujón de Nürnberger a Ndiaye y un rebote que acabó dentro. El árbitro lo anuló. El VAR confirmó. El grito se quedó en la garganta. Darmstadt no solo perdió un gol; perdió fuelle. Luca Marseiler se lesionó poco después y el equipo entró en pánico. Killian Corredor saltó al césped y el partido ya no fue el mismo.

La segunda mitad fue un asedio sin puntería. Fraser Hornby, recién regresado de la enfermería, se encontró solo ante Karius y el portero le ganó la partida. Kai Klefisch cabeceó alto. El balón no quiso entrar. Schalke, con diez hombres atrás, resistió como pudo. Christian Gomis tuvo el 2-1, pero su disparo se fue a la estratosfera. El marcador no se movió.

El calendario se pone negro

El calendario se pone negro

Con 50 puntos, Darmstadt baja al cuarto puesto. Elvier y Paderborn, con 51, le dan la espalda. Schalke, con 52, escapa. Quedan nueve jornadas y el calendario se complica: visita a Hamburgo y recibe a Kiel. Dos finales. El estadio seguirá lleno, pero la ilusión ahora tiene grietas. El ascenso ya no depende solo de ellos.

El invierno terminó, pero el frío llega tarde. Darmstadt no pierde en casa desde octubre, pero los empates ya no sirven. La máquina de goles de Lidberg y Hornby necesita engrasar. El sueño sigue vivo, pero la ventana se estrecha. Y el reloj, como los rivales, no perdona.