Carro explota tras otro pinchazo: la crisis del leverkusen se agrava
Fernando Carro no aguantó más. El 1-1 contra el Mainz fue la gota que colmó el vaso y el CEO de Bayer Leverkusen estalló en las entrañas del BayArena. En español, su lengua materna, despotricó contra el equipo: «Tenemos que despertar», repetía mientras cruzaba la zona mixta con la mirada perdida y los puños apretados. Un aviso directo a Kasper Hjulmand y a una plantilla que se ahoga en la tabla: sextos, fuera de la Champions.
El dato habla por sí solo: solo dos victorias en los últimos ocho partidos oficiales. La Werkself corre el riesgo de despedirse del tren europeo antes de abril.
El vestuario huele a pólvora
Testigos de la escena aseguran que Carro iba aún más allá. «¿Dónde está Stieler, el idiota?», gritó en referencia al árbitro que no pitó lo que el directivo consideró penal sobre Schick. La frase quedó grabada en los micrófonos de la zona de túnel y recorrió los pasillos antes de que el propio mandatario se encerrara con Hjulmand. Allí, según fuentes del club, le transmitió que la sucesión de actuaciones grises ya no es un bache: es un síntoma.
El danés, siempre mesurado, apenas pudo esgrimir su excusa habitual: «Nos falta ritmo». El cuerpo técnico sabe que la paciencia del palco se agota. El miércoles hay un partido aplazado en Hamburgo y el calendario no admite más resbalones: Arsenal en octavos de Champions y el derbi contra Colonia en diez días.

El problema no es físico, es mental
El entrenador de rendimiento detectó desgaste neuromuscular, pero la lectura interna apunta a la cabeza. El equipo corre 1,3 km menos por partido que en la fase inicial de la temporada y presiona cinco metros más atrás. El rival lo ha olido: el Mainz se plantó con cinco centrales y solo llegaron dos tiros de Leverkusen desde dentro del área antes del minuto 70.
En el banquillo se respira incertidumbre. Algunos jugadores cuestionan la doble pivote fija; otros, la falta de rotaciones en Europa. El capitán Hradecky pidió una reunión de vestuario el jueves, sin cuerpo técnico. Quieren hablar claro antes de que la temporada se les escape definitivamente.
El mensaje de Carro ya está en el aire: despertar o asumir el coste de quedarse fuera de la élite. El miércoles en el Volksparkstadiel Leverkusen juega su última bala de plata antes de que la crisis pase de indigestión a catástrofe con nombres y dimisiones.
