Valencia pone la directa: meunier, 34 años, es el lateral que exige corberán

Valencia no espera más. El club ha lanzado un órdago: Thomas Meunier a toda costa. El lateral belga, sin contrato tras dejar el Lille, se ha convertido en la obsesión de Rubén Baraja –y en realidad de Carlos Corberán, que agita la batuta desde la sombra– para tapar el agujero que grita en el carril derecho del Mestalla.

Corberán marcó la prioridad y gourlay asintió

La reunión fue breve, directa y sin rodeos. Corberán llegó con un nombre: Meunier. El CEO Ron Gourlay escuchó los números –físico contrastado, salario por debajo de los 2 millones brutos y, sobre todo, coste cero– y dio luz verde. La lista de candidatos murió en la mesa. El belga ganó por goleada.

Pero hay un detalle incómodo: Bélgica arranca el Mundial el jueves. Meunier sabe que un par de partidos brillantes pueden revalorizarle otra temporada. Por eso ha pedido calma. Valencia, en cambio, necesita refuerzo ya. El reloj aprieta y la negociación se convierte en un pulso psicológico.

Las cifras que convencen: 34 años y todavía fiable

Las cifras que convencen: 34 años y todavía fiable

Los informes médicos llegan de Francia con un veredicto sorprendente: piernas de 28. Última temporada en Lille con 2.400 minutos, 5 goles y 7 asistencias. Datos que convencieron a Corberán más que cualquier promesa joven sin rodaje.

El entrenador quiere veteranía instantánea, no proyectos. En el vestuario hay quien recuerda que José Gayà cumplió 29 y necesita un compañero de guerra, no un pupilo. Meunier encaja: ha pasado por Brujas, París, Dortmund y Estambul; habla cuatro idiomas y, según un ojeador consultado, "no pierde ni un balón en el primer toque".

El mundial, la moneda al aire

El mundial, la moneda al aire

El dilema es claro: si Bélgica avanza, el fichaje se encarece; si cae pronto, el Valencia recupera la sartén por el mango. El club ha fijado un ultimátum interno: firma antes del 1 de diciembre o se mueve al plan B –un joven de la cantera cedido en Segunda que no convence ni a la grada ni al vestuario–.

En Mestalla ya suena el mantra: "Meunier o nada". La afición, escéptica al inicio, se ha rendido al argumento de la experiencia en Champions y la cuenta bancaria intacta. El Valencia, acostumbrado a remar con parches, ahora juega la última carta antes de que el mercado invernal se convierta en un cementerio de ilusiones.

La próxima semana decidirá si el carril derecho del Mestalla lucirá la bandera belga o si se quedará en un brindis al sol.