Trump garantiza a irán su plaza en la copa del mundo pese a los bombardeos

El presidente de EE.UU., Donald Trump, le dio la mano a Gianni Infantino y, de paso, la certeza a Irán: jugará el Mundial 2026 en territorio norteamericano. La bomba no fue una más en el conflicto de Oriente Medio, sino una frase conciliadora en medio de la guerra: «La selección iraní está invitada, punto», trascendió tras la reunión entre el mandatario y el presidente de la FIFA.

La guerra llega al banquillo

Desde fines de febrero, EE.UU. e Israel castetan Irán; Teherán responde con misiles y retórica. Aún así, los 23 convocados podrían desembarcar en Nueva York, Dallas o Los Angeles el 11 de junio sin visado exprés ni boicot diplomático. Infantino lo vendió como gesto de paz: «El fútbol une cuando los cañones dividen». Lo que nadie firma es cómo se garantiza la seguridad de jugadores y aficionados si las sirenas siguen sonando.

El gesto contradice al propio Trump. Hace diez días declaró en un mitin: «Me es totalmente indiferente quién venga». Ahora, con la FIFA en la Casa Blanca, cambia el chip. El motivo: la presión de patrocinadores que han desembolsado 1.800 millones por los derechos y temen un boicot similar al de Moscú 2018.

Irán duda y el vestuario se resquebraja

Irán duda y el vestuario se resquebraja

La Federación iraní no celebra. Mehdi Tadsch, su presidente, advierte desde Teherán: «¿Enviaremos a nuestros futbolistas al país que bombardea nuestras ciudades?». Su argumento: cinco jugadoras del equipo femenino ya pidieron asilo en Australia en enero y el régimen no quiere otra debacle mediática. El seleccionador, Amir Ghalenoei, pide «garantías jurídicas escritas» que no existen.

El grupo B ya olía a pólvora: Irán se medirá contra Inglaterra, Nigeria y anfitrión Canadá. Tres partidos en Estados Unidos. La logística, de momento, sigue en pie: vuelo chárter de Mahan Air, concentración en Dallas y un dispositivo de la CIA que ni confirma ni desmiente. El mensaje es claro: el balón rueda aunque los misiles también.

Infantino logró su foto, Trump su negocio y la FIFA evita el boicot que haría temblar sus arcas. Irán, entre la gloria deportiva y la represalia política, tiene 92 días para decidir si juega o se vuelve casa. La Copa del Mundo arranca el 11 de junio; la guerra, desafortunadamente, nunca paró.