Jacquelin plantea dejar el biatlón a los 31 y sueña con despedirse en los juegos de francia 2030
Emilien Jacquelin ya no esquía a ciegas. El francés que se hinchó a disparar en la última Copa del Mundo confiesa que cada mañana se pregunta si le apetece seguir en la élite. A los 30 años, con un oro olímpico en relevos y un bronce en la persecución de Milán-Cortina en el bolsillo, abre la puerta a colgar los esquís en cualquier momento. «Hay mil maneras de vivir la vida y llevo nueve inviernos dando vueltas al mismo circuito», dice en L’Équipe. La frase suena a despedida anticipada.
El anzuelo de los juegos en casa
Francia acogerá los Juegos de 2030 en los Alpes y eso enciende una llama que aún no se ha apagado. Jacquelin se imagina clavando el báculo en Nice, pero advierte: «Cuatro años en el biatlón son una eternidad». Para llegar entero tendría que soportar 150 días de altitud, 80 competencias y un goteo constante de análisis de sangre lactato. El cuerpo aguanta; la cabeza, no siempre.
Por eso baraja la opción menos traumática: parar ahora y volver cuando le apetezca. «He pensado en tomarme un año sabático y regresar después», reconoce. El problema es que el IBU Cup acecha. «Si tras la pausa acabas 30º y luchas por entrar en el top 60, el pantano te atrapa y ya no sales», advierte. No quiere convertirse en un veterano que ocupa plaza a un joven que sueña.

El miedo a ser un número
Jacquelin no habla de jubilación; habla de dignidad. «Cuando el deporte se convierte en una carga, es mejor parar», sentencia. Ha visto a campeones convertirse en comparsas por no saber decir basta. Él prefiere irse tras la medalla de bronce de la persecución olímpica, con 12,5 km de gloria y un último disparo que metió el miedo en el cuerpo a los noruegos.
La decisión está en la mesa y el reloj corre. El equipo francés empieza la preparación el 20 de abril en Prémanon. Jacquelin avisa: «Antes de esa fecha me sentaré con mi entrenador y con mi familia». No promete nada. Solo deja claro que, si vuelve, será para luchar por podios, no por puntos. Y que, si se va, lo hará sin mirar atrás, con el mismo aplomo con el que vacía un cargador en 22 segundos.
