Blaswich brilló en londres, pero ¿le alcanza para quedarse?
Janis Blaswich se convirtió en el único jugador del Bayer Leverkusen que salió con la frente alta del Emirates. Diez paradas, varias de rabiosa actualidad, mantuvieron con vida al conjunto alemán hasta que el golazo de Eze y la réplica de Rice sentenciaron la eliminación. A sus 34 años, el suplente de lujo firmó su actuación europea más redonda. Ahora viene la pregunta que quema: ¿merece seguir en la portería el sábado en Heidenheim?
La paradoja de un héroe sin puesto fijo
Desde que Mark Flekken recuperó la medicina tras su rotura de ligamentos, el guion se complica. Hjulmand alaba en voz alta a su portero holandés: «Tenemos a un guardameta top, listo para competir». Pero en el vestuario nadie olvida que Flekken llegó al BayArena con la etiqueta de refuerzo estrella y, hasta la lesión, dejó dudas: fallos con los pies, salidas mal calculadas y un par de regalos que costaron puntos. Blaswich, por contra, ha sido menos espectacular con el balón, más seguro bajo palos y, sobre todo, ha respondido cuando el equipo más lo necesitaba.
La cifra habla por sí sola: nueve goles encajados en siete partidos de Champions con Blaswich bajo palos, tres de ellos en la ida y la vuelta contra el Arsenal. Flekken, en la fase de grupos, encajó ocho en cuatro encuentros. La diferencia no es abismal, pero el feeling del grupo con el alemán sí lo es. En el entrenamiento de ayer, los compañeros lo felicitaron con palmazones que sonaron a petición encubierta: «Queremos que sigas».

El mundial de catar, el reloj que aprieta
Porque hay un detalle que pocos cuentan: Flekken llegó a Leverkusen con la ilusión de asegurarse la titularidad antes del parón por la Copa del Mundo. Quedarse en el banquillo hasta mayo sería un golpe emocional y, quizá, definitivo para sus opciones de ir a Catar. Países Bajos no lleva tres porteros de élite; hay plaza para un rematador de penales y Flekken se vendió como especialista. Si no juega los próximos nueve partidos de liga, su sueño se apaga.
Hjulmand lo sabe. También sabe que Blaswich, hombre de clubes modestos y trayectoria de superviviente, nunca ha tenido una oportunidad tan gorda. El danés se encierra hoy con su equipo de análisis para tomar la decisión. En la sala de prensa se escucha la frase que circula entre los ayudantes: «El que empiece en Heidenheim, seguirá hasta final de temporada». Traducción: no hay rotación de lujo, hay apuesta única.
Blaswich, filósofo de portería, prefiere no alimentar el fuego: «Yo entreno como si fuera a jugar siempre. El entrenador paga la entrada, yo me quedo con la función». Pero sus ojos brillaron cuando le preguntaron por la noche en Londres: «Claro que quiero continuar. A mis 34, cada partido de Champions puede ser el último». Lo que nadie cuenta es que, en el interior del vestuario, varios pesos pesados ya han transmitido su preferencia al cuerpo técnico. El mensaje es sutil: «Continuidad para el que nos salvó en el Emirates».
El sábado a las 15:30, en el Voith-Arena, la respuesta se viste de corto. Allí, en un estadio de provincias, se escribirá si el héroe de Londres tiene fecha de caducidad o, por primera vez en su carrera, se convierte en titular indiscutible de un club grande. La afición del Leverkusen, que coreó su nombre en la salida del hotel londinense, ya tiene la suya clara: «Blaswich, titular o revolución». Hjulmand tiene 48 horas para romper el vestuario o ganarse el aplauso eterno del hincha. La pelota, ahora, está en su tejado.
