Al-khelaifi planta cara a la uefa: el nuevo champions ya es irreversible

Madrid, 23:45. Nasser al-Khelaifi subió al escenario del Wanda Metropolitano, miró al auditorio lleno de directivos y soltó la frase que Tebas temía: el formato suizo de la Champions no se toca, ha llegado para quedarse. El presidente del PSG y de la European Club Association dejó claro que la guerra de la Superliga está enterrada, pero también que la siguiente batalla ya la tiene ganada.

Lo que nadie cuenta es cómo llegó a esa sala. Minutos antes, en el pasillo, un directivo del Bayern le estrechó la mano y le susurró: «Gracias por frenar a los rebeldes». Al-Khelaifi sonrió. No necesitaba traducción: el agradecimiento era por haber convencido a Florentino Pérez de que el proyecto de la Superliga era un muerto viviente. «No sé si traje la paz, pero sí un entierro digno», bromeó después.

El psg vive, la cabeza duele

«¿Qué cuesta más, gestionar al PSG o a 800 clubes europeos?» Le preguntaron. «Las dos dan dolor de cabeza, pero se disfruta», respondió. Luego se serió: «El día que no disfrute, me voy». Detrás de esa frase hay una temporada que ha sido un electrocardiograma: tres semifinales consecutivas de Champions, Mbappé a punto de saltar al barco madrileño y una cacería mediática por el fair play financiero. «No me arrepiento de nada. Cada decisión era correcta en ese momento», zanjó.

Mientras hablaba, en la pantalla lateral se sucedían los goles del PSG contra el Barça. Cada vez que aparecía Vitinha, al-Khelaifi señalaba con el dedo: «Ese chico puede ganar el Balón de Oro». Y no era un farol: en París ya tienen el dossier listo para la campaña de marketing. El portugués es el nuevo crack que debía ser De Jong, que debía ser Pogba, que debía ser cualquiera que no fuera Neymar.

Premier padel, la fuga lateral del jeque

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De repente cambió la película. Dejó el fútbol y habló de pádel. «Jugaba al tenis, pero ahora les gano a los pros del pádel», soltó. La sala rió, pero hay un plan detrás: Premier Padel ya roza los 200 millones de espectadores globales y Qatar ha comprado derechos hasta 2030. «Es mi proyecto más relajado, donde no me gritan cada semana», confesó. El mensaje: cuando el fútbol lo agote, el pádel le espera con open arms.

Volvió al fútbol para cerrar filos. Sobre el nuevo formato de Champions fue tajante: más partidos decisivos, más goles, más dinero. «A los aficionados les encanta, a los clubes también. Solo hay un triste: Tebas». La pulla cayó en saco roto: el presidente de LaLiga no estaba en la sala. «Todos hemos ganado, incluso los que aún no lo saben», sentenció.

Terminó con una predicción que suena a orden: «El Mundial lo ganará un europeo y el Balón de Oro volverá al PSG». Se bajó del estrado, se acomodó la ghutra y se perdió entre los pasillos del Metropolitano. Qatar no solo ha comprado un club; ha comprado la banda sonora del fútbol moderno. Y nadie se atreve a cambiar la canción.