Mallorca sin su columna: valjent y raíllo caen justo cuando el descenso respira en su nuca

Domingo 12 de abril, 16:15 h, Son Moix. El Rayo Vallecano aterrizará en Palma y se encontrará un esqueleto sin sus dos vértebras. Martin Valjent y Antonio Raíllo, la pareja de centrales que ha sostenido al Mallorca 775 días consecutivos en Primera, se quedan en la enfermería y en la grada. Ninguno pisará el césped. Ninguno gritará instrucciones. Ninguno podrá frenar el vendaval franjirrojo cuando el equipo bermellón se juega media permanencia en 90 minutos.

La racha que nadie quería romper

La última vez que ambos fallaron un partido de liga fue el 30 de marzo de 2024. Entonces empataron 0-0 en Mestalla y Aguirre improvisó con Gio González, Nastasic y Copete de tiradores de excepción. Aquel resultado sirvió de ensayo para la final de Copa. Hoy la situación es distinta: no hay trofeo de por medio, solo números rojos y la bocanada del descenso a dos puntos. Desde aquel día, Valjent y Raíllo no se han perdido ni un minuto de la película. Han jugado 31 jornadas seguidas, con cuatro técnicos distintos, resistiendo cambios de estilo, de sistema y de presidente. La central que nunca se dobló ahora se quiebra en el peor momento.

El eslovaco, 274 partidos oficiales con la camiseta del Mallorca –récord absoluto para un extranjero en 110 años de historia–, cumple ciclo por tarjetas. Se fue al límite ante el Madrid de Arbeloa y la última amarilla le cierra la puerta. Raíllo, 315 encuentros y capán encarnado, se operó este martes en Barcelona el tendón del tobillo izquierdo. La intervención fue «exitosa», según el parte médico, pero la temporada se acabó para él. El cordobés se despide antes de tiempo, sin despedida, sin abrazos, con el equipo aún sin saber en qué división jugará el curso que viene.

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Martín Demichelis hereda el rompecabezas. Tiene tres piezas para dos huecos: Omar Mascarell, mediocentino reconvertido que ya se las arregló para frenar a Bellingham y compañía; David López, canterano de 21 años que nunca ha jugado de central en Liga pero que entrena con la voracidad de quien sabe que la oportunidad solo llama una vez; y Marash Kumbulla, el albanés que regresa tras dos mesos de rehabilitación y que aún no ha completado los 90 minutos desde noviembre. Elige uno y el banquillo pierde músculo. Elige dos y el centro del campo se queda sin pulmón.

El Rayo, por cierto, llega en racha: cuatro partidos sin perder y Raúl de Tomás despertando. Si el Mallorca encaja primero, el estadio se pondrá más tenso que una cuerda de violin. Y sin Valjent ni Raíllo, la orquesta carece de su primer y segundo violín.

El domingo, cuando suene el himno y se abran los túneles, Son Moix descubrirá una fotografía que nadie quería ver: el césped verde y la zaga bermellona sin sus dos rostros de siempre. Han sido el seguro de la casa durante dos años. Ahora la póliza vence y el club debe demostrar que sabe vivir sin su columna. El descenso acecha. El reloj corre. Y el balón, como siempre, no entiende de ausencias legendarias.