Lugano recupera a sus bajas clave y pica a los playoffs con el colmillo afilado

La Bianconeri no viaja a Zúrich con la moral por los suelos. Mirco Müller, Carl Dahlström y Aleksi Peltonen han saltado ya sobre el hielo sin limitaciones y Greg Ireland puede por primera vez en meses escribir un lineup sin interrogantes rojos. Eso cambia el guion del cuartofinal que arranca esta noche.

La pausa llegó en el momento justo

Diez días entre la últina jornada y el puck inicial de la post-temporada han sido un bálsano para el medical staff. Müller, aquejado de una pubalgia que le convertía en duda semana a semana, completó el miércoles su tercer entreno contacto al 100 %. Dahlström ya no arrastra la contractura del aductor que le hizo perderse cinco encuentros. Y Peltonen, golpeado en la clavícula ante Fribourgo, superó los tests de impacto sin dolor. La frase que se repite en la pista de Cornaredo es clara: «Tenemos roster de 22 por primera vez desde diciembre».

El beneficio no es solo numérico. Lugano atraviesa los playoffs sin la etiqueta de favorita: los leones les endosaron una imagen de inferioridad durante la fase regular (3-1 en la serie particular). Pero la vuelta de los tres zafados permite a Ireland rearmar sus parejas defensivas y devolverle minutos de descanso a Chorney y Sbisa, arrastrando 25 minutos de promedio en los últimos partidos. El dato habla por sí solo: cuando Müller y Dahlström compartieron línea esta campaña, el equipo permitió 1,9 goles por choque, la cifra más baja de cualquier dupla del club.

Perlini y valk se quedan en la rampa

Perlini y valk se quedan en la rampa

El coste de la recuperación se llama Brendan Perlini y Curtis Valk. Ambos entrenaron en el grupo de «no contacto» el jueves y su presencia en el Hallenstadion esta noche es «altamente improbable», en palabras del propio Ireland. El técnico prefiere no confirmar nombres, pero la lógica apunta a que Matt D’Agostini se colará en el cuarto trio junto a Klasen y Bertaggia, mientras que Fabio Hofer ocupará el lugar de Perlini en el power-play secundario. La decisión final caerá tras el morning skate, pero el mensaje interior ya se ha filtrado: el que esté al 90 % se queda fuera. No hay margen para experimentos.

El cambio de mentalidad es visible. Ayer, tras la práctica, Lars Johansson paró 48 disparos en un drill de cinco contra cinco; la temporada pasada, en idéntico ejercicio, el portero sueco apenas alcanzó la treintena. El cuerpo técnico busca ritmo, pero también confianza: «No venimos a aguantar el tipo, venemos a robar la pista», soltó el asistente Massimo Leggio en zona mixta. Lo que parecía una frase de guerrero ahora suena a realista.

¿Y los leones?

¿Y los leones?

Del lado zuriquense no hay sobresaltos. ZSC Lions recuperó también a Denis Malgin, pero la baja de Christian Marti por una distensión en el gemelo sigue lastrando la defensa. La ventaja de Lugano radica en el timing: mientras en Zúrich se habla de «rotar para no desgastar», en el cantónico se respira hambre de sorpresa. Y en los playoffs, el hambre pesa más que el papel.

El pase a semifinales se decide al mejor de siete, pero los estadísticos suizos apuntan un dato demoledor: el ganador del primer duelo accede a la siguiente ronda el 72 % de las veces. Por eso Ireland no esconde la carta: «Queremos que Zúrich sienta la pelea desde el salto inicial». Con Müller ya ruedo y Dahlström dejando sensación de frescura, Lugano aterriza en la Hauptstadt sin el aliento agónico de un equipo herido, sino con la arrogancia de quien sabe que su mejor versión acaba de despertar. Será una guerra, pero las armas ya están afiladas.