Leipzig entre la gloria y la agonía: el 28-28 en kiel que puede salvar la categoría

Un punto sabe a gloria cuando vienes de abajo. El SC DHfK Leipzig saltó al parquet de la Sparkassen-Arena como el colista de la Bundesliga y se marchó con un 28-28 que sabe a oro puro. El THW Kiel, acostumbrado a soñar con títulos, vio cómo un rival sin nada que perder le arañaba dos puntos que nadie en el norte contaba como perdidos. Lukas Binder, el capitán visitante, lo resumió al micrófono de Dyn: «Nosotros no venimos a sobrevivir, venimos a competir».

De un 6-2 al descalabro bávaro

Nueve minutos. Eso tardó Kiel en creer que el partido era un trámite. 6-2, balón en el centro y la grada cantando. Pero el balonmano no entiende de guion. Leipzig apretó la defensa, Tobias Thulin empezó a parecerse a un muro sueco y el contraataque de los sajones fue un puñal. 9-9 al cuarto de hora y la banda de Filip Jícha sudando la gota gorda. El técnico checo, acostumbrado a ganar por diez, vio cómo su equipo encajaba un parcial de 2-7 sin respuesta.

Lo que nadie cuenta es que Leipzig llegó a Kiel con cuatro bajas y la moral por los suelos tras encadenar cinco derrotas. «Hemos hablado de orgullo, no de tabla», reveló Binder. La charla funcionó. Cada balón dividido era una guerra, cada lanzamiento de Adam Nyfjäll un misil. El sueco acabó con siete tantos y el 75 % de acierto. En la portería, Xoan Ledo firmó 12 paradas y un 34 % de éxito, números de Champions en plena lucha por no descender.

Cuando el reloj aprieta, los gigantes tiemblan

Cuando el reloj aprieta, los gigantes tiemblan

A seis minutos del final, Leipzig ganaba 26-27. El Kiel se agarraba a Sander Sagosen como quien se aferra a un clavo ardiendo. El noruego anotó el 27-27 a falta de 3:12, pero fue un espejismo. Binder devolvió la ventaja desde el extremo y la grada calló. El empate definitivo llegó tras una pérdida de Patrick Wiesmach y un contraataque que Thulin desvió al palo. Pitido final, 28-28, y el capitán sajón esbozando una sonrisa que mezclaba alivio y frustración: «Hubiera preferido los dos puntos, pero hoy hemos demostrado que sabemos jugar contra los mejores sin complejos».

La cifra habla por sí sola: Leipzig cometió solo tres errores técnicos, once menos que ante Erlangen la semana pasada. «Hemos reducido el ruido», definió el central Christian Dissinger. La defensa, con Luca Witzke como líder de un 5-1 móvil, obligó a Kiel a 14 lanzamientos forzados fuera de la zona de nueve metros. El campeón de Europa pareció perder la brújula cada vez que el balón llegó a la segunda línea.

Un punto que vale una temporada

Un punto que vale una temporada

Con este resultado, Leipzig suma 9 puntos y se coloca a cuatro del penúltimo, el Göppingen. Quedan cinco jornadas. «No hemos salvado nada, pero hemos recuperado fe», matizó el entrenador André Haber. El calendario regala dos duelos directos: Minden en casa y Eisenach fuera. Binder lo tiene claro: «Si competimos así, nadie nos regalará nada. Y eso es lo que queremos: que el rival tenga que arrancar cada punto con sus uñas».

En el vestuario visitante sonó música sueca, abrazos de esos que curtan y un silencio al final. El empate no sube a nadie al cielo, pero evita que el abismo trague al más débil. Leipzig se marcha de Kiel con la certeza de que, si la temporada es una carrera de fondo, hoy ha ganado un segundo aliento. El resto depende de ellos. Y de que el balón, como esta noche, acabe besando la red en el momento justo.