Heidenheim ahogado: schmidt pide dos milagros para seguir en bundesliga

El vestuario del 1. FC Heidenheim huele ya a segunda división. Once jornadas sin ganar, 14 puntos en 24 partidos y una desventaja de ocho con la salvación. Frank Schmidt no se engaña: «Un milagro no basta, hacen falta dos». La frase cayó en la sala de prensa de la Voith-Arena como una losa antes del duelo del sábado contra Hoffenheim.

Schmidt y sanwald, dos caras de la misma moneda

Mientras el entrenador acepta el descenso como un fato consumado, el presidente Holger Sanwald aferra la esperanza. «Diez fechas antes del final la liga no está perdida», declaró al Heidenheimer Zeitung. Schmidt lo escucha, sonríe y recuerda que en Bremen ya avisó: «Nuestro camino hoy va hacia la 2. Bundesliga». Entre ambos no hay rifirrafe, solo distintos estados de ánimo en un club que agoniza.

La enfermería tampoco ayuda. Leonidas Stergiou arrastra un desgarro, Tim Siersleben y Arijon Ibrahimovic están en la cama con fiebre. Solo regresa Diant Ramaj, portero que se perdió el 0-2 en Weser por un virus. Lo que no vuelve es la confianza: el último triunfo data del 25 de octubre, un 2-1 al Augsburg que hoy parece una fotografía desvaída.

Hoffenheim, el verdugo que se acerca

Hoffenheim, el verdugo que se acerca

El rival de mañana ocupa plaza de Champions. Pocos puntos débiles, mucha velocidad y un técnico que quiere sellar ya la clasificación europea. Para Heidenheim, ganar supondría el milagro número uno; repetirlo después en Dortmund y Stuttgart, el número dos. Las cuotas lo dan por descendido al 97 %. El vestuario lo sabe y aun así se entrena con la ilusión de quien juega la final de su vida.

La afición prepara coreos de despedida. La Voith-Arena se llenará de mantas blancas y de cánticos que suenan ya a epílogo. Schmidt, nacido en la cantera del club, podría despedirse de la élite a los 48 años. «No hay reproches, solo tristeza», reconoció. La Bundesliga se le escapa entre los dedos y con ella, quizá, la ilusión de un pueblo que soñó grande.