Como planta cara a la uefa: rapinese aprieta y el sinigaglia se juega la champions
El alcalde de Como, Alessandro Rapinese, no quiere ni oír hablar de Champions por superstición, pero su gesto y sus palabras ya han dicho todo: el Stadio Giuseppe Sinigaglia se prepara para albergar partidos de la Liga de Campeones si el Como logra la clasificación histórica. «¿Quién es ese idiota que querría desperdiciar una oportunidad así para su comunidad?», ha declarado este martes en el cierre de la gira del vídeo-magazine ÉSport Como.
La ampliación del campo y los 150 plazas que no asustan
La UEFA exige dos metros más en el lienzo de juego y 150 plazas de aparcamiento exclusivas para la prensa. Rapinese lo tiene claro: «El terreno es municipal, no necesitamos permiso de nadie para ensancharlo». El problema de los coches lo resolverán con la ciudad entera: «Tenemos Como en la mano», bromea, antes de apretar el cronograma.
El plan ya está en marcha. El área de prensa se trasladará al túnel de acceso actual, la grada norte se derribará y se levantará una nueva construcción con cabinas para televisión y espacios de mixed zone. La Superintendencia de Bienes Culturales ha recibido la documentación. «Nos hemos movido con tiempo», insiste el alcalde. «Nos preparamos para la guerra para vivir en paz».

De 4.999 butacas a la champions: la revolución del como 1907
Hace tres años el estadio era un museo de hierro oxidado y cemento desconchado. Hoy, tras la inyección de Mirwan Suwarso y la dirección deportiva de Dennis Wise, el aforo ronda los 10.000 espectadores y la ilusión se mide en decibelios de Zadok the Priest. «Cuando cruzamos miradas con el club, en cinco minutos llegamos al punto», subraya Rapinese.
El proyecto de nuevo estadio, en cambio, espera. El ayuntamiento y el Como 1907 comparten hoja de ruta, pero faltan los planos económicos finales. «Cuando lleguen, los firmo en pijama», asegura el alcalde. Mientras, el Sinigaglia se convierte en urgencia: la Champions podría tocar la puerta en menos de diez meses.
La afición ya tararea el himno. El alcalde, escéptico y supersticioso, se tapa los oídos, pero sonríe. Como nunca antes había soñado.
