Blanca hervás quema torun: cinco 400 m en 72 h y dos metales con la ciencia en el bolsillo

Torun olía a pista recién barnizada y a lactato. Allí, Blanca Hervás se prestó a un experimento de alto riesgo: cinco carreras de 400 m en menos de tres días. Salió del tubo con plata y bronce, y con la garganta ronca de tanto ácido láctico. Nadie había metido a España en una final individual desde 1990; ella firmó el regreso con 51.89 tras un baño de creatina y remolacha.

La fórmula de los 72 horas

Madrid la esperaba en la cama, pero antes tenía que atravesar el tunel. Semifinal del 400 m a las 15.04, final de relevos 20 minutos después. ¿Recuperación? Un shaker con 8 suplementos Amix que lleva tatuados en la memoria: citrulina, cafeína, omega-3, nitrato de remolacha, beta-alanina, magnesio, creatina y carbohidratos ciclicos. «No es magia, es cronometrar la digestión como un paso de cambio», susurra mientras se quita los tacos. La ciencia mide: 2 % más de potencia media por cada mmol de lactato que consigue amortiguar.

La plata del relevo mixto cayó el sábado 19.46; el bronce del femenino, el domingo 19.55. Entre medias, la final del 400 m donde compartió calle con athletes que se entrenan a 1.600 m de altura. «Me faltó oxígeno, no energía», resume. La diferencia se la llevó en la mochila: 40 g de carbohidratos por cada 30 min de espera y un par de comprimidos de bicarbonato para neutralizar el pH antes del disparo.

La última española en la final indoor fue…

La última española en la final indoor fue…

Colín en 1990, cuando los spikes aún llevaban clavos de hierro. Hervás no había nacido. Ahora entrena en Valdemoro con un GPS en el tobillo y un pulsómetro que envía datos a su nutricionista en tiempo real. «El 400 m es matemática pura: repartir 6 mmol de lactato en 51 segundos sin que el cerebro te corte las piernas.» La ecuación la resolvió con 51.89, récord español sub-23 y billete a la final.

El truco no está en el producto, sino en el timing. Toma la creatina tras la competición para aprovechar la ventana de permeabilidad celular; el nitrato de remolacha lo prueba 90 min antes para que los vasos sanguíneos dilaten justo al calentar. «Si fallas el reloj, falla la pierna», avisa. En Torun no falló ni una vez.

El domingo por la noche, cuando el estadio ya olía a cerveza y desilusión polaca, Hervás guardó los dos metales en la misma bolsa de terciopelo. «Plata y bronce saben casi igual; sabor a meta en la lengua», bromea. La temporada al aire libre empieza en mayo. Ella ya tiene el pasaporte lleno de sellos y el cuerpo lleno de datos. El objetivo ahora es París 2024, donde el 400 m se corre bajo el sol y sin techo. La ciencia va con ella; el reloj, también.