Berrettini demolió a medvedev con dos panes de cero en montecarlo
Montecarlo amaneció con un resultado que suena a error de imprenta: Matteo Berrettini despachó 6-0, 6-0 a Daniil Medvedev, número 10 del mundo, en apenas 50 minutos. El azzurro no había endosado un «doble bagel» en su vida; el ruso jamás había tocado fondo de esta forma.
El punto que lo desató todo
El primer game ya olía a tormenta. Berrettini salvó dos bolas de quiebre tras un intercambio de más de cinco minutos. A partir de ahí, Medvedev se desconectó del planeta: primeros servicios al 28%, derechas al fondo de la red, dobles faltas en racha y, para completar el paisaje, una raquetera estampada contra la arcilla que terminó en astillas. El público, entre incrédulo y burlón, coreaba «olé» cada vez que el ruso descargaba la ira contra su equipo.
El segundo set fue una fotocopia: error, susurro, aplauso irónico. Berrettini ni siquiera tuvo que overrulear: bastó con mantener el tipo, empujar con el revés cruzado y dejar que el rival se despedazara solo. El tercer game del parcial fue el epitafio: Medvedev rompió otra raqueta, recibió la advertencia y firmó su peor derrota desde que pisa el circuito.

Un mensaje para carlo verdone y un reivindicación
Cuatro choques llevaba Berrettini sin ganarle al ruso; un año exacto sin vencer a un top-10 (Zverev, también en Montecarlo 2023). La victoria lo saca del umbral del top-100 y lo lanza contra el portugués João Fonseca en octavos. Antes de irse, escribió con marcador «Scusa Carlo V.» sobre la lente de la cámara: guiño a Carlo Verdone, amigo de Medvedev, para dejar claro que la paliza no fue personal, solo negocio.
En la rueda de prensa, Berrettini lo resumió con una frase que retumbó en el salon de conferencias: «A veces el partido se rompe a los cinco minutos y hay que estar listo para no perdonar». La estadística habla por sí sola: 51 puntos ganados por 21, 9 winners y solo 6 errores no forzados. Medvedev, 24 y 28.
Mañana el Masters 1000 recupera la normalidad con Sinner en pista, pero hoy el Principado aún resuena con el eco de un 6-0, 6-0 que ya forma parte del folclore del mítico court Rainier III. Y, por si alguien lo duda, Berrettini avisó: vino a Montecarlo a jugar, no a hacer turismo.
