Mercedes pesca al prodigio de 11 años que ya mide a antonelli: «con toto hablamos de todo»

Niccolò Perico aún no ha cumplido los doce y ya firma contratos con Toto Wolff. El kartista italiano acaba de ser fichado por el Junior Programme de Mercedes, la misma incubadora que catapultó a George Russell y que ahora acelera la carrera de Kimi Antonelli. «Ser comparado con Kimi me llena de orgullo, pero mi único plan es seguir pisando el acelerador», me confiesa con la voz que aún cambia.

De la pista de alzano al radar de brackley

El padre, Alessandro Perico, se hizo famoso en los rallyes; el hijo ha elegido el asfalto liso del kart. A los siete ya ganaba el Trofeo delle Industrie; a los diez dominaba el Campeonato Italiano ACI y la ROK Cup Superfinal. El pasado enero, en su debut internacional en OK-NJ, dejó a los suecos Hedfors y a todo el paddock con la boca abierta: tres victorias en tres finales, más de dos segundos de margen en la final de Viterbo. Gwen Lagrue, jefe de talento de Mercedes, lo calificó de «excepcional». La firma llegó semanas después.

En el motorhome de la marca de la estrella ya le reservan asiento. «Toto me buscó, hablamos de coches, de escuela, de lo que me gusta desayunar. Su hijo Jack y yo compartimos pista; le explico trazadas», cuenta sin inmutarse mientras juega con un casco rojo de carbono. El apodo «Nik Dangerous» nació por el apellido, aclara, «pero dentro del circuito soy limpio; el peligro es para los cronómetros».

Hamilton se va, verstappen llega y él acecha

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¿Ídolos? «Lewis antes del anuncio de Ferrari; ahora Max, porque ataca cada curva como si fuera la última». Menciona a los dos campeones con la naturalidad de quien cambia de canal. Su madre, Veronica, le graba los giros; su padre le revisa los neumáticos; su manager negocia los test de F4 previstos para 2026. La tuta plateada le queda grande, pero la usa todos los fines de semana: «Cuando me la pongo pienso en los 5.000 empleados que trabajan para que un día pueda subir al podio de Monza».

El resto es matemáticas: si nació en diciembre de 2014, podría tener superlicencia antes de cumplir los 18. En Mercedes ya hacen cuentas y en Italia le comparan con los Badoer y los Forghieri. «La F1 es la meta, pero los metros de asfalto que faltan son muchos», sentencia antes de subirse al kart y desaparecer a 100 km/h entre los conos. El sueño alemán ya tiene nuevo rostro y, esta vez, habla con voz de niño y acento de Bérgamo.